La función, de gira por España, disecciona la complejidad de las relaciones humanas y la dificultad de reconciliarse con el pasado a través del amor y el enfrentamiento de idea

El cine y la novela están reflejando en algunas entregas la crisis económica y de valores de la sociedad actual. La obra de teatro «A cielo abierto», de David Hare, además de expresar esa crisis, la critica. José María Pou, el protagonista, es un histrión, un intérprete propenso al exceso, pero aquí está contenido, exacto, medido, en su papel de Tom Sergeant, un empresario que buscó y halló el éxito pero que ahora vive sacudido por una dura crisis emocional tras la muerte de su mujer.
Ese dolor saca lo mejor de él mismo, pero no trastoca ninguna de sus convicciones. Enfrente tiene a Kyra, ex amante, una profesora entregada a su profesión, un personaje encarnado por una sublime Nathalie Poza, actriz con algún recorrido en series televisivas pero que en teatro ha dado en «A cielo abierto» con su gran papel.
La obra sugiere a los espectadores la pregunta de si los capitalistas pueden convivir realmente con los idealistas sociales. La respuesta es negativa. Pero hasta esa conclusión, «A cielo abierto» plantea un colosal juego interpretativo, de ideas y de gestos, entre dos actores mayúsculos. Es teatro psicológico, y de ideas, sí, pero al mismo tiempo conmueve. Porque aúna el debate social con otras cuestiones, como el amor/desamor, el pánico a la soledad, el vacío que deja una muerte, el sentimiento de culpa, la búsqueda del tiempo perdido. Ideas, sí, pero envueltas en emociones. Tom no entiende que Kyra elija profesionalmente un conflictivo instituto periférico antes que la Universidad, a la que podía aspirar como docente por su brillante currículum. «Has luchado desesperadamente por entrar en un mundo del que todos luchan desesperadamente por salir”, le dice.
Se trata de una pieza social por cuyo subsuelo transcurre una comedia romántica. Hay en algún juego de luz durante la representación toques poéticos. Pero manda el naturalismo. Ese naturalismo que desde hace años se hizo dueño de la escena española. Las vanguardias viven en algunos textos en las estanterías de las librerías y en los sueños truncados de algún autor. Kyra cocina espaguetis y en el patio de butacas de los teatros donde se ha representado esta obra extraordinaria comienza a oler a pastas. Naturalismo en toda su esencia. Pero este montaje sensacional por muchos motivos deja además un descubrimiento fundamental: Nathalie Poza, una actriz de apariencia frágil pero con una fulminante pegada dramática.