«Alegrías las justas», un divertimento lleno de crítica; acidez, descreimiento y humor en el teatro Alfil de Madrid

Palabra y actor. No se trata de una función sobre las dificultades específicas de la mujer en estos días -que también-, sino sobre la problemática del ser humano, tan sacudido por la actualidad. Porque es una función actual, sobre lo que está pasando ahora mismo. Como un documental, pero lleno de imaginación, ficción y palabra cuidada. La precariedad laboral, las nuevas formas de explotación, el hundimiento económico, la xenofobia enmascarada, la crisis política e incluso de la Monarquía, todo ello pasa por el escenario en 90 minutos. Con las espléndidas Roser Pujol y Maika Jurado, que cambian de personalidad en los diferentes personajes que encarnan en cuestión de segundos en un ejercicio interpretativo admirable.

Las actrices van y vienen para transmitirnos que esta difícil vida hay que abordarla con humor y con una importante dosis de mala leche. Eso sucede, por ejemplo, en el primero de los micro-sketches, en el que los personajes tienen como nombres propios «Cacho Cabrona» y «Tonta del Bote». Ese arranque da el tono de la obra. Que culmina en el sketche final, en el que después de tanta penuria, lucha, envidias y dificultades, un mal día llama a la puerta del piso la muerte mientras uno está preparando tranquilamente las lentejas. Entonces el espectador quizás se pregunte por qué se ha reído tanto con la obra, cuando todo es para llorar.

El montaje conecta rápidamente con el espectador. No es que pase la batería: la arranca. El director, Quino Falero, que viene de obtener un éxito importante con «El manual de la buena esposa», recibió al final desde el escenario el reconocimiento de todos. Una gran noche de teatro. Con una obra que dibuja con pulso firme escenas de la vida de la mujer española actual. Mujeres que aparecen como víctimas y verdugos. Ya lo escribió el poeta Claudio Rodríguez: «La vida es alianza y condena”. Y lo dice una de las protagonistas en un momento de la función: «Los hombres están educados en el falocratismo ilustrado”.