Una historia de sexo y amor que mezcla cuento, sueño y pesadilla, casi fantasía

Léo es director y se lanza en busca del lobo. Marie es pastora, una mujer libre, viva. En el corazón del departamento francés de Lozère, estos jóvenes se enamoran pero lo que podría haber sido un acontecimiento feliz se transforma en un fiasco. Un bebé llega, Marie sufre una depresión y se marcha sin decir ni una palabra. Léo cuida del niño mientras lucha por encontrar la inspiración.

«Rester vertical» gira de nuevo en torno a la sexualidad. Así lo confirma Alain Guiraudie: «Es un tema que me interesa desde siempre y, como para muchos de nosotros, es algo que me fascina y me asusta a partes iguales. ¡Quizás es eso lo que lo hace tan interesante! Lo importante para mí es que no sea ni grave ni solemne».

La mejor muestra de esa problemática es su anterior filme, «El desconocido del lago», un thriller tenebroso que se transforma en una pesadilla. Las relaciones son pasionales, crudas, triviales. ¿Provocación? Ese no es el objetivo. Las escenas de sexo están al servicio del relato, traducen la intensidad de los sentimientos, alimentan la complejidad de las relaciones, entre fascinación y desconfianza. Ante todo se trata de los personajes que, a pesar de los lazos que tejen, siguen estando extremadamente solos.

Ahora han transcurrido tres años y Guiraudie ancla lo onírico en la realidad. «Rester vertical» mezcla cuento, sueño y pesadilla, casi fantasía. Sin embargo, la película no pierde de vista la actualidad. Gestación subrogada, suicidio asistido, cuestiones vinculadas con el género. A pesar de todo, el director rechaza la moral y la teoría. Se interroga a sí mismo y también a nosotros pero, ante todo, trata de reinventar la realidad.