LA PELÍCULA DE JEAN-PIERRE JEUNET SE CONVERTIRÁ EN UN MUSICAL EN LA ESCENA NEOYORQUINA

La trama cuenta la historia de Amelie, una chica algo ingenua, crecida al abrigo de su mundo imaginario, que dedica su vida a repartir felicidad entre quienes le rodean, hasta que descubre que su propia vida necesita algo de su mágico optimismo. Amelie no es una chica como las demás. Ha visto a su pez de colores deslizarse hacia las alcantarillas municipales, a su madre morir en la calle y a su padre dedicar todo su afecto a un gnomo de jardín. Creció y se convirtió en camarera en un bar cuya propietaria es una antigua jinete circense.
De repente, a sus veintidós años, Amelie descubre su objetivo en la vida: hacer felices a los demás. A partir de entonces inventa toda clase de estrategias para intervenir, sin que se den cuenta, en la existencia de varias personas de su entorno. Entre ellas está su portera, que pasa los días bebiendo vino de Oporto; Georgette, una estanquera hipocondríaca: o el hombre de cristal, un vecino que sólo ve el mundo a través de la reproducción de un cuadro. Su misión sin embargo se ve alterada por la llegada de un chico muy peculiar con varios trabajos extraños y una colección de fotos abandonadas en las maquinas de fotomatón. Amelie se fascina con él pero prefiere jugar al escondite antes de descubrirse, cuando repentinamente todo lo que ella ha hecho por los demás se vuelve inesperadamente en su favor.
Es llamativo que se haya dado este paso después de que el director del filme protagonizado por Audrey Tatou, Jean-Pierre Jeunet, había sido muy crítico de los filmes que pasan a ser musicales: «Odio los musicales y odio Broadway. Considero que es la encarnación misma de la mediocridad”, comentó hace tiempo.