El teatro Álfil de Madrid estrena «Atrapados», obra sobre las pesadillas de la sociedad actual

La función habla de amor adolescente, de desamor adulto, de terrorismo, de desahucios, de banqueros sin escrúpulos, de los calvarios de la homosexualidad, de ilusiones perdidas, e incluso hay una explosión que acaba con el mundo. Lo diría Jorge Martínez Reverte: Demasiado para Gálvez. La obra tiene, pues, la ingenuidad y la grandeza propia de los autores jóvenes. Con alguna frase ocurrente, con alguna situación perfectamente creada. Lo peor consiste en la falta de continuidad de la acción principal: tres personas se refugian en la cámara acorazada de un banco durante un atraco. Pero el autor inserta otros episodios, como el diálogo entre un terrorista y un homosexual en una celda de castigo, que supondría una escena de mérito, por la intensidad dramática que contiene, si no fuera porque rompe absolutamente la narración. Esa escena parece, en definitiva, una obra de teatro breve que se ha insertado en el montaje para prolongar su duración. O tal vez sea la representación de la pesadilla de uno de los personajes, pero en ese caso no se explica bien.
La actriz Eva Isanta aporta su gracia y su mirada azul. Se trata de una intérprete muy querida por el público por su papel en la serie televisiva «La que se avecina». En «Atrapados» encarna a una directora de recursos humanos, a una peluquera de sexualidad insatisfecha, y a una adolescente virgen y enamorada. Eva Isanta posee numerosos registros dramáticos pero se crece en las escenas cómicas. Mauricio Bautista y Víctor Palmero, sus compañeros de reparto, también rostros conocidos por las series de televisión, cumplen con sus personajes.
Todos ellos recogieron al final de la representación el afecto del público que llenó el teatro Alfil de Madrid la noche del estreno, el pasado jueves. Fue un acontecimiento social. Entre los asistentes se encontraba la mayoría de los actores de «La que se avecina» y otros compañeros de profesión de los protagonistas. Los aplausos se prolongaron y estuvieron llenos de afecto. Y la gente salió del teatro con la sensación de haber visto plasmadas sobre el escenario muchas de las pesadillas y obsesiones de nuestro tiempo.