La película, protagonizada por Melanie Thierry, se basa en un cuento breve de Madame LaFayette

Tavernier, jovial y activo, ha contado con un jovencísimo reparto lleno de promesas: Gaspard Ulliel, Melanie Thierry, Gregoire Leprince-Ringuet y Raphael Personnaz, junto al maduro Lambert Wilson, quién, en la piel del conde de Chabannes, se erige en el centro moral de la violenta, cruel y ambiciosa historia.

«Siempre nos imaginamos a los Anjou, Guisa y Medicis como hombres maduros dentro de oxidadas armaduras. Los hemos visto así en películas, pero Anjou, que fue el general más joven de su época, conquistó toda Francia con 19 años. Y a esa edad, eran temerarios, apasionados y radicales. He querido transmitir esa «fiebre» suya en la película», dice Tavernier en una conversacion con esta corresponsal. Todo el peso del film recae en Melanie Thierry a quién el cineasta define como un Stradivarius, «el instrumento afinado soñado».

Tavernier confirma que «la mujer más temida en aquel tiempo es la que puede leer y escribir, más que cabalgar su propio caballo o decidir estar sola, también actitudes muy temibles. La sensación de que una mujer casada contra su voluntad que quiere saber más, acerca de su mundo y su tiempo, es algo difícil de digerir por el hombre que ha sido elegido su marido, a su pesar.»

El príncipe de Montpensier, segun Tavernier «»es un alma frágil. Le han ensañado a ser el mejor y más bravo guerrero, un triunfador en el campo de batalla y un completo incompetente en el territorio del amor. Ama profundamente a su mujer, pero no sabe como decírselo. No sabe como besarla o abrazarla al regresar vivo de una carniceria. Y ella le desea. Esa es su tragedia».

La película de Tavernier (en plena forma desde «Que la fete commence») regresa a la Edad de Oro de Francia, cuando madame LaFayette tuvo que engañar acerca de su identidad (publicó la novela como un anónimo), dado que ninguna mujer en Francia había publicado nada antes. Estaba prohibido. Según Tavernier: «hay un gran paralelismo entre la autora y la princesa de su novela: ambas deben de conquistar sus territorios personales guardando sus identidades». La única mujer poderosa en la historia, Catalina de Medicis, portentosa y temible.

Dice Tavernier: «Era una política consumada pero sobre todo, madre. Lo fue de tres reyes, de poderosa intuición y creyente en el destino de las estrellas. Siempre se puso en manos de Nostradamus, el quiromante y astrólogo. No tomaba una decisión sin consultarle». En las turbulentas guerras de religión que enfrentaron sanguinariamente a los romano católicos papales y los hugonotes, un centro moral, el conde de Chabannes, interpretando con hondura por Lambert Wilson. Para Tavernier: «que ironico resulta el que el hombre que es considerado un traidor por ambos bandos en las guerras en nombre de Dios, es el hombre mas cabal. Mató a una mujer encinta en la batalla y no puede volver atrás. Es un humanista, un hombre de ciencia, un mentor y protector. También es un guerrero y enamorado. Se podria decir que él soy yo».