La obra de Fernando Sansegundo se basa en un cuento de Friedrich Dürrenmatt

Interpretada por Asier Etxandía, José Luis Torrijo, José Luis García Perez y Fernando Soto, «La avería” propone un inquietante debate entre los conceptos de Ley y Justicia. La obra busca responder a la pregunta: ¿Es legítimo que, en esta sociedad en que vivimos, luchemos denodadamente por conseguir nuestros objetivos, ascendiendo sobre aquellas personas que obstaculicen nuestro camino, abriéndonos paso a codazos si ello es necesario? Sí, eso no va contra la ley. Pero, ¿es justo? ¿Es legítimo que, llegados a cierta edad, se nos excluya de puestos de responsabilidad,se nos aparte de nuestros trabajos, se nos niegue la integración social? Sí, la Ley no castiga estas acciones. Pero, ¿es justo?
«La avería» sigue a Alfredo Traps, viajante de comercio. De regreso a su casa, su flamante Studebaker rojo sufre un desperfecto que no podrá ser reparado hasta la mañana siguiente. Traps resuelve pasar la noche en el pueblo y solicita alojamiento en una casa vecina. El dueño, un hombrecito ya entrado en años, se alegra de recibirlo: esa noche tiene amigos a cenar y lo invita a acompañarlos. Traps acepta sólo para no ser descortés. Pronto llegan otros tres ancianos vestidos todos de levita dispuestos, como otras veces, a pasar la noche jugando a los tribunales. El anfitrión fue juez tiempo atrás, y sus amigos, uno fiscal, otro abogado y el tercero verdugo. A veces recrean procesos célebres de la historia, pero sin duda lo mejor es cuando juegan con personas de carne y hueso. Queda disponible solamente el papel de acusado
La obra habla de la ley, como instrumento objetivo que pretende unificar comportamientos y herramienta

para neutralizar a quienes se salen de las normas establecidas, de la Justicia como análisis subjetivo del mundo, una postura filosófica ante los comportamientos humanos, vistos como siempre como hechos únicos e irrepetibles. Dos maneras de concebir el mundo.
«La avería” analiza nuestra sociedad y nos muestra un lugar donde prima el logro de un cierto status, donde lo que importa es a qué grupo perteneces, un mundo que exige ganadores y arrincona a los perdedores, donde se palpa una pérdida paulatina de valores como la solidaridad el respeto por el otro, el crecimiento espiritual, la generosidad; donde se premia la ambición, la falta de escrúpulos, la competitividad…
Fernando Sansegundo habla del deseo de vivir por parte de quienes, llegados a cierta edad, ya están prácticamente desahuciados socialmente; de la dificultad del hombre actual para analizar su propia vida desde un punto de vista humanista, del deseo de ser alguien, de tener identidad en un mundo que se empeña en generalizar, en igualarnos a todos. Es un viaje ácido, crítico, irónico y, por momentos trágico, hacia las profundidades del hombre y de la sociedad que nos ha tocado vivir.