Fue la actriz más popular en Berlín y Viena en los años 30 y en Estados Unidos ganó el Oscar por «El gran Ziegfield» y «La buena tierra»

Su forja tuvo lugar en los teatros alemanes, pero fue el legendario director teatral Max Reinhardt el que la descubrió llevándosela a su compañía con sede en Viena. En sus memorias, la actriz escribió «parece ser que yo tenía mucho talento, él lo oyó y me reclutó en su compañía. Allí lo aprendí todo».

A bordo de la compañía de Reinhardt, sometida a su fuerte tutelaje, se convirtió en la actriz más popular en Berlín y Viena ya en los años 30 y sin apenas haber cumplido los 20 años. En 1932 debutó en el cine en «Sehnsucht» («Pasión») y en Alemania rodó dos películas más. Pero la ascensión al poder del austríaco Adolf Hitler, la hizo emigrar a los Estados Unidos, dado que simultáneamente un cazatalentos la ofreció un contrato de siete años con los estudios Metro-Goldwyn-Mayer.

En 1935 y con solo 25 años debutó en «Escapade», reemplazando a Myrna Loy. En la película tuvo la suerte de compartir reparto con William Powell, quien se convirtió en su mentor y presionó a los ejecutivos del estudio para que le dieran vehículos a su medida. Durante el rodaje de aquella película, se enamoró del dramaturgo izquierdista Clifford Oddets, en la cumbre de su fama, quien más tarde se convertiría en su primer marido. No fue una unión feliz y se divorciaron a los tres años.

Pero, Rainer rodó entonces «El gran Ziegfield» (1936), ganando su primer Oscar. Hubo controversia al ser tan joven (26 años), extranjera, su primera nominación y su rol, muy corto. Además, venció a estrellas tan establecidas como Carole Lombard, Norma Shearer e Irene Dunne. Sus enemigos mordieron el polvo cuando fue la O-Lan de «La buena tierra» (1937) y ganó su segundo Oscar consecutivo. En 1940 y por «The Westener» ganó su tercero, empatando con Ingrid Bergman. Su carrera, despues, cayó en caída libre. Demasiado joven, demasiado éxito. Y una boda con un comunista.

Rainer, además, mostraba un carácter rebelde y anticonvencional y rechazaba roles sin calidad, recordando sus magníficos comienzos teatrales. Los grandes ejecutivos dejaron de apoyarla, algo que se agravó con la muerte de su mentor Irving Thalberg. Su carrera había acabado en 1938. Durante la II Guerra Mundial se dedicó activamente a animar a las tropas en el frente, sobre todo en el Norte de Africa e Italia, llevándoles libros. Aquellas experiencias cambiaron su vida. Entonces conoció al rico editor Robert Knittel con el que se casó y vivió 50 años, tuvieron una hija, Francesca, se retiraron a Suiza y Reino Unido y dejó de actuar.

No rodó en 53 años hasta que lo hizo en «El jugador» (1997), a partir del relato de Dostoievski. Actualmente, Rainer, desde que enviudó en 1989, vivo en el exclusivo barrio londinense de Belgravia. Mientras, rechazó estar en «La dolce Vita», de Fellini, al no gustarle el guión. Luise Rainer jamás se ha arrepentido de no haberse convertido en la estrella que pudo ser.