El perdón y la incomunicación, temas que han dominado las proyecciones del miércoles en la 61 edición del Festival de San Sebastián

«Un largo viaje”, que protagonizan Colin Firth y Nicole Kidman (esta última convertida en mujer florero, que no aporta absolutamente nada a la trama pero que la adorna, intermitentemente con su belleza), es una película en dos tiempos: Los años 60 y los de la Segunda Guerra Mundial. Parece una película de guerra, pero en realidad es una historia sobre el sadismo, la violencia, el perdón y la reconciliación. Basada en una historia real, sigue a Eric Lomax, une x oficial británico fascinado por los ferrocarriles. Pero algo hay en su pasado que le atormenta y no le deja dormir. Su esposa buscará a un compañero de armas para que le cuente la terrible historia: Durante la Segunda Guerra Mundial fue capturado por los japoneses y enviado a un campo de trabajo. Allí, él y sus compañeros tuvieron que sobrevivir en condiciones extremas a las torturas de sus captores. Ahora, retirado y cómodamente instalado en la campiña escocesa, recibe la noticia de que su principal torturador, un japonés extremadamente sádico, vive y es guía en un museo sobre la guerra. El ex oficial se decide viajar a visitarle, con el deseo de venganza.

Colin Firth hace de nuevo uno de esos personajes complejos y torturados psicológicamente en los que parece querer especializarse. Pero la película, que resulta muy desigual, recrea con todo el verismo posible las escenas de tortura, y adolece de una mirada más global al resto de prisioneros del campo japonés. Es, desde luego, una película con un mensaje claro ¿Merece la pena la venganza? ¿Puede existir reconciliación tras una situación límite? En los corrillos del Festival se dice que José Luis Rebordinos, director del certamen, ha querido proyectar esta película con un ojo puesto en la situación que vive el País Vasco hoy. Un motivo tan válido para ir al cine como cualquier otro. El filme llegará a los cines españoles en las próximas semanas. Desde luego no va a dejar a nadie indiferente.
«Club Sándwich” es sobre todo una historia sobre la incomunicación. O sobre la comunicación a unos niveles muy subterráneos. Película de prácticamente tres personajes, una madre y su hijo adolescente y una chica de la edad de éste, está protagonizada por María Renée Prudencio, Lucio Giménez Cacho y Danae Reynaud, y sobre todo por una habitación de hotel, su solitaria piscina y una playa igualmente vacía en donde los personajes no hablan y se pasan horas mirando al infinito. Se trata del tercer largometraje de Fernando Eimbcke, digno discípulo de su colega Carlos Reygadas, con el que comparte un lenguaje de largos planos secuencia y unos personajes aparentemente inexpresivos, pero con una tremenda ebullición interior. Paloma y su hijo de 15 años mantienen una relación muy especial. Durante unas vacaciones en un solitario resort, el muchacho conoce a una adolescente con la que, casi sin palabras, descubrirá los primeros destellos del amor y el sexo.
Esta ha sido la primera película del certamen en que algunos espectadores han abandonado la proyección antes de su final, desesperados porque «no pasa nada” en la trama. Sí que pasa, y mucho, pero es todo subterráneo, no se cuenta. En cualquier caso esta es una película muy minoritaria para quienes busquen un cine a contracorriente.