Está acusada de robo, destrozo en un apartamento y falso testimonio

La policía recibió una llamada anónima en el barrio de Quincy y procedió a detener en la calle a Quigg y a un hombre que más tarde fue reconocido como Georgios Kesknidis, de 28 años. Quigg, de 35, confesó a la policía haber visto a un hombre de raza negra correr con una televisión plana de 32 pulgadas y una impresora de ordenador. Una vez en su apartamento, los agentes descubrieron el susodicho material robado y procedieron a detenerla, acusándola de entrada a la fuerza en un apartamento, causar notables destrozos en el mismo, elevar falsa acusación implicando elementos racistas y robo. Ella, se declaró, con todo el morro, inocente. Como Randy Quaid, vaya.

Quigg inmediatamente contrató al abogado William Keener -al que no se sabe si pagará, visto el caso- que declaró que su defendida es inocente, aunque no respondió a pregunta alguna. Se ignora si Kesknidis tiene alguna defensa. La pareja, en principio, debe de afrontar el pago de una multa de 250 dólares.