(Publicado en La Butaca de las webs de los diarios regionales de Vocento)

El cine iraní tiene dos películas en la competición de la Seminci vallisoletana, las dos se han proyectado este jueves y ambas han deslumbrado. Más la primera, ‘There is no evil’, que llegaba con el aval de haber logrado el Oso de Oro en el pasado Festival de Berlín, pero tampoco le ha ido a la zaga ‘The Wasteland’ (que se titulará entre nosotros ‘La tierra baldía’).

‘There is no evil’, está dirigida por Mohammad Rasoulof, viejo conocido del certamen al que en 2018 se le dedicó un ciclo y fue galardonado con una Espiga de Honor. El cineasta ha pasado un año de prisión y actualmente está en arresto domiciliario, por lo que no ha podido viajar a Valladolid para defender su película. No ha hecho falta, ‘There is no evil’ se defiende por si misma: es una historia en cuatro episodios que habla de la condición de ser verdugo (así literal, los que aplican la pena de muerte) en Irán. El filme son cuatro historias en torno a cuatro hombres, cada uno debiendo gestionar de forma individual su condición de verdugo. El primero es un funcionario eficaz, que sale a trabajar de madrugada, dejando en casa a esposa e hija. Su trabajo consiste en que cuando se lo indica una señal luminosa, debe apretar un botón que abre una trampilla por la que un grupo de sentenciados son ahorcados simultáneamente. El cineasta tarda en mostrar el trabajo de este hombre: conduce entre el infernal tráfico de Teherán, recoge a su esposa, acude al banco, recoge también a su hija pequeña del colegio, la familia va a comprar a un supermercado, visitan a la abuela… Y en la madrugada siguiente el protagonista deja su hogar, vuelve a coger el coche y se dirige a la cárcel a cumplir su trabajo.

El segundo episodio sige a un joven que cumple el servicio militar en una prisión y esa noche se va a enfrentar, por obligación a su primera ejecución. Tiembla, suda mucho más que el condenado que se muestra muy tranquilo, y en un determinado momento huye de la prisión. El tercero es otro joven soldado que disfruta de un fin de semana de permiso junto a su novia y la familia de esta. Pero hay algo que no encaja. La familia está triste: un amigo muy querido de ellos ha muerto. Pronto este joven descubrirá que el fallecido fue el que él ejecutó dos días antes. Y por fin, el cuarto, se desarrolla en un entorno rural. Una joven llega para visitar a sus tíos. Pronto ve que hay algo que le ocultan: Su tío no es tal, es un médico sin título que dejó la ciudad cuando se negó a participar en una ejecución.

La película es una profunda reflexión sobre la libertad y la obediencia en regímenes totalitarios, así como como se gestionan los actos que impone una autoridad superior. Es obvio que la obra de Mohammad Rasoulof no esté bien vista por el régimen de los talibanes. Para el cineasta, la película habla de la pena de muerte desde el punto de vista crítico que detestan las autoridades iraníes.

Muy diferente pero igualmente interesante es ‘La tierra baldía’, película en blanco y negro de Ahmad Bahrami. La acción se sitúa en una fábrica de ladrillos que da trabajo a muchas personas de diferentes etnias. Un día el propietario reúne a sus trabajadores para decirles que el negocio ya no es rentable. Las constructoras prefieren el hormigón a los ladrillos y la fábrica va a cerrar. Los trabajadores se van y solo el encargado, Lotfollah permanece allí.

Ahmad Bahrami, además del blanco y negro, rueda la película a base de largos planos, que dan la sensación de que el tiempo permanece parado en el lugar: «No hay color en las vidas de los trabajadores de las fábricas de ladrillos», ha dicho el director. «En la forma y la estructura de la película, crear armonía entre dos colores es mucho más efectivo que crear armonía entre varios colores, el blanco y negro es mucho más llamativo». El director espera que la película sea seleccionada para optar al Oscar a la mejor película extranjera por Irán.