DIRECTOR DE «CRÓNICA DE LOS POBRES AMANTES», «EL PROCESO DE VERONA» Y «ACHTUNG BANDIDOS!», FUE TAMBIÉN RESPONSABLE DE LA MOSTRA DE VENECIA

Crítico de cine y colaborador de Roberto Rossellini en sus inicios en «Alemania Año Cero» y de Giuseppe De Santis en «Arroz Amargo», por cuyo guión fue nominado al Oscar, Lizzani (que había nacido en Roma el 3 de abril de 1922) se dio a conocer después de la Segunda Guerra Mundial por las películas en las que intervino como guionista. Entre todos sus filmes como director, uno de los mejor considerados por la crítica fue «Crónica de pobres amantes» (1954), una adaptación de la novela de Vasco Pratolini, toda vez que realizó también producciones como «Achtung! Bandidos!» (1951), «El proceso de Verona» (1963), «Crazy Joe» (1974), la comedia erótica «Roma Bene» (1971) y «Querido Gorbachov» (1988). A lo largo de su carrera el cineasta abrazó una obra apasionada por la historia y la política
De 1979 a 1982 dirigió el Festival Internacional de Cine de Venecia y en la década de los años ochenta trabajó con frecuencia en la televisión de Italia, colaborando además con las revistas Bianco e Nero y Cinema. Su vida profesional a finales del pasado siglo y comienzos del actual se centró en el rodaje de documentales, destacando «Luchino Visconti» (1999), «Cesare Zavattini» (2002), «Napoli, Napoli, Napoli» (2006) y «Hotel Meina» (2007).
En un comunicado divulgado poco después de conocerse la noticia, Francesco Giro, exsubsecretario de Cultura de Italia y senador del partido del conservador Silvio Berlusconi, expresó su pesar por la pérdida de Lizzani, quien participó como jurado en el Festival de Cine de Berlín en 1994. «Es el mal oscuro que se ensaña con las personas de un mundo interior complejo y, por lo tanto, las más frágiles. Con Lizzani desaparece un señor del cine italiano. De él quedará el recuerdo de una persona de gran inteligencia y templanza», ha dicho Giro.
Por su parte, el responsable de Cultura del progresista Partido Demócrata (PD) italiano, Antonio Funiciello, afirmó en otra nota que la desaparición de Lizzani supone un «inmenso dolor. Las películas de Lizzani han mostrado a Italia y a los italianos con esa mirada crítica que es propia de los artistas más agudos. Nos faltará su capacidad de leer la historia de Italia, desvelando esos hilos rojos que unen, uno a uno, los asuntos principales del país», en palabras de Funiciello.