una tragicomedia cruel y compleja en la que el poder de la palabra lleva una situación hasta el límite de sus consecuencias

Un extraño, del que al principio sólo sabemos que se llama Gustavo, se presenta en el balneario en el que Tecla, su exmujer, pasa unos días con Adolfo, su actual marido. Aprovechando la ausencia de Tecla, Gustavo mina, sutil pero efectivamente, la confianza que Adolfo tiene en su matrimonio. Gustavo juega con ventaja. Adolfo no sabe que aquel al que considera su mejor amigo, no es sino el antiguo marido de su mujer. Cuando Tecla está a punto de llegar, Gustavo se marcha para, a escondidas, observar los estertores de la relación entre Adolfo y Tecla. Finalmente, y tras la marcha de Adolfo, Gustavo reaparece para consumar su venganza. Tras un soterrado duelo con su exmujer, la trama culmina con un crimen perfecto: un asesinato psicológico a plena luz del día, en el que el asesino, ni deja huella ni se mancha las manos con la sangre de la víctima.
La obra del autor sueco, una de las más crueles y complejas de su trayectoria, que permanecerá en escena hasta el 23 de abril, muestra como esa desnudez, lejos de ser un recurso formal más, parece hablarnos de la desnudez misma. Es un augurio de la crudeza y la objetividad que los tiempos futuros impondrán al alma humana. Y es por eso, que hoy en día, su planteamiento descarnado nos resulta inquietantemente afín.
Ángeles Páez, Rafael Rojas Enrique Fernández dan vida a los tres protagonistas, con dirección de Víctor Velasco de Lucas y puesta en escena de Si Acaso Teatro. La obra se incribre en el ciclo denominado Escena Círculo, con el que el Círculo de Bellas Artes quiere mostrar los clásicos teatrales del siglo XX.
«Aunque un marido viviera más de cien años nunca podría saber nada de la verdadera existencia de su mujer. Podrá conocer el mundo, el universo, pero nunca a esa persona que convive con él», dijo Strindberg refiriéndose al fondo de su obra.