Al desaparecido cómico británico se le muestra como alguien explícitamente escatológico y sexual hasta la naúsea

Ahora se estrena un documental, con su propia vozz en off ya que se montó tres años antes de su muerte, el 1989, de un cáncer de garganta. En animación en 3D, «Autobiografía de un mentiroso» incluye a todos los del grupo de Flying Circus, además de Stephen Fry y Cameron Diaz (que interpreta a Sigmund Freud). El único ausente, el gentil Eric Idle.
Quintaesencia del gentleman inglés, Graham Chapman era en realidad explícitamente escatológico y sexual hasta la naúsea. Ahora se revela el más terrible secreto: su pasión por un crío de 13 años del que decía que era su hijo adoptado.

Chapman había nacido en Leicester durante el Blitz de 1941, hijo de un policía. Su primer recuerdo -como escribió en el libro que es la base del documental- fue un bombardeo alemán de la Schutzstaffel. Voraz lecto y fan de la comedia, se matriculó en la Universidad de Cambridge en 1959 para estudiar medicina. Allí conoció a Cleese y crearon los Footlights. Se le recuerda como un jugador de rugby y duro bebedor de cerveza. Pero, nada más. Tras graduarse, entró en el hospital universitario St Bartholomew en Londres. Se convirtió en secretario del sindicato de estudiantes. Y siguió trabajando en el Cambridge Circus.
En 1967 decidió salir del armario. No fue un shock para nadie más que para una estudiante de Bart, que creía ser su novia. Entonces, Chapman abandonó su carrera médica. No obstante e incluso entre amigos, se tenía que dar valor con una botella. Su extrema timidez alimentó su alcoholismo extremo. Cargadito, era capaz de interpretaciones salvajes y anárquicas. Se convirtió en el sumo sacerdote del hedonismo más salvaje. Cleese descubrió esta adicción en 1971 cuando Pyton rodó su primer largometraje «And now for something completely different». Praparando el guión, Cleese abrió el portafolios de Chapman y se encontró una botella casi vacía de vodka: no eran ni las 10:00 de la mañana. El rodaje fue una pesadilla: no recordaba diálogos y daba tumbos. Arruinó todas las tomas. ¡Y sólo quería relajarse!