El cineasta canadiense se sumerge en el drama judicial con «Condenados”, a partir de un caso real

Atom Egoyan ha dado al cine películas de gran calidad, como «El dulce porvenir”, «El viaje de Felicia” o «Ararat”. No es el caso de «Condenados”, un drama judicial, basado en un caso real que en Estados Unidos hizo, y sigue haciendo correr ríos de tinta, pero que desde una óptica española importa poco. Con Colin Firth (es la segunda película del actor británico en la competición, tras «Un largo viaje”) y Reese Whiterspoon como protagonistas, se inicia cuando tres niños son encontrados muertos, con las manos y pies atadas con los cordones de sus zapatos, en un pequeño pueblo americano de la zona de Menphis. Con un enorme revuelo mediático provocado por el tema, la policía busca culpables y no se molesta en investigar demasiado. Los agentes detienen a tres adolescentes, conocidos como «los tres de Memphis”, inadaptados que jugaban a las sectas satánicas, como los autores del crimen cometido en medio de un ritual. No se comprueban pruebas, rastros de ADN y se dejan pistas sin investigar. Todo para condenarlos rápidamente. Pronto la madre de uno de los asesinados (Whiterspoon) y un detective privado (Firth) comienzan a darse cuenta que las cosas no son como parecen.
El grueso del filme está en la reconstrucción del juicio a «los tres de Memphis”, con prolijos vericuetos judiciales, con datos que no llevan a ningún sitio, y sin profundizar en la personalidad de los jóvenes acusados y condenados. Egoyan no acaba la película, la detiene con las sentencias y solo un rótulo final indica como sigue el caso, aún no cerrado. El cineasta le interesa mostrar que las cosas no son como parecen y además una administración de justicia a la que le interesa mucho más que hacer justicia. Pero para contar esto, tan evidente, necesita casi dos horas, provocando que «Acusados”, que veremos en España en 2014, se haga pesada.
La cineasta bosnia, nacida en Sarajevo Jasmila Zbanic firma una nueva mirada a las consecuencias de la guerra de los Balcanes en «For Those Who Can Tell no Tales”, película ambientada en la actualidad que sigue a una turista australiana (a la que da vida Kym Vercoe) de viaje por Bosnia. Si guía la lleva hasta Visegrado, una pequeña ciudad llena de historia entre Bosnia y Serbia. Tras una noche de insomnio en el «romántico” hotel Vilina Vlas, la mujer descubrirá la matanza sucedida en ese lugar durante la guerra. Es como una brutal apertura de ojos provocando que la turista vea ya a los Balcanes con una mirada distinta. Regresa a Australia y volverá de nuevo a Bosnia en busca de respuestas.
Jasmila Zbanic ganó el Oso de Oro del Festival de Berlín por «Grbavica”, es una cineasta de prestigio, pero aquí se queda corta para mostrar las huellas de un conflicto del que aún quedan bastante cicatrices. Esta es una película necesaria, paro a medio gas. Si busca conmover al espectador por lo sucedido en su país, no lo consigue.
Este viernes la gran estrella será Hugh Jackman, que recibirá el segundo Premio Donostia de esta edición. La estrella que se esperaba para la clausura el sábado, la británica Helena Bonham-Carter ha anulado su visita por «problemas de agenda”.