Marián Álvarez, Ramón Barea, Vicente Romero, Rosana Pastor y Ramón Agirre protagonizan una historia de una joven con trastorno de personalidad

Ana (Marián Álvarez) tiene 28 años, se siente útil y satisfecha, en su trabajo rutinario ayudando a otros. Sin embargo, fuera de su jornada laboral, Ana tiene serios problemas para relacionarse. Es socialmente torpe, incluso agresiva, con las personas más cercanas y queridas. Ana no puede controlar este comportamiento, ni sus emociones, por las que sufre y se atormenta, sintiéndose culpable. En el fondo sólo querría estar bien consigo misma y con los demás, ser feliz. Poco a poco, su conducta se va haciendo cada vez más autodestructiva hasta autolesionarse, sintiéndose cada vez más aislada. Ana padece lo que los psiquiatras llaman «transtorno límite de la personalidad», o conducta borderline, pero ella no lo sabe.
Según ha dicho Fernando Franco, la película «es más drama que otra cosa y está supeditada a la protagonista y su autodestrucción mientras busca la felicidad». Y ha añadido: «La cámara mira donde ella mira y va donde ella va». El origen de este proyecto está en la exposición «Miradas al límite», organizada por el Museo Artium de Vitoria en 2008, en la que participaron, además de Fernando Franco, los realizadores Luiso Berdejo, León Siminiani, Isaki Lacuesta y Jaime Rosales.
La película se está rodando en 16 milímetros, con un presupuesto de 900.000 euros y Franco filmará prácticamente su totalidad en planos secuencia, porque le interesa la «textura», la «calidad» y la «versatilidad» del celuloide.