EL CINE DE ANIMACIÓN MEXICANO ES LA GRAN ESTRELLA DEL CERTAMEN

Animadrid (Festival Internacional de Imagen Animada de Pozuelo de Alarcón – Comunidad de Madrid), organizado por la Consejería de Cultura y Turismo de la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Pozuelo de Alarcón, tiene como principal objetivo promocionar y dar a conocer la animación audiovisual, a la vez que propiciar un punto de encuentro entre los creadores y el público. Ésta, su novena edición, se prolongará hasta el próximo 3 de octubre en Pozuelo de Alarcón.
Animadrid dedica cada año una amplia muestra al cine de animación de un país invitado, de manera que se pueda hacer un trabajo retrospectivo en el que tenga cabida la exhibición histórica y la realización de actividades que permitan conocer en profundidad su cine de animación. Hasta ahora, esta propuesta se ha llevado a cabo con Portugal, Bélgica, Polonia, Brasil y la República Checa.
El país invitado para la presente edición es México, cuyas raíces en el mundo de la animación se remontan a 1930 de la mano de Alfonso Vergara Andrade, imitando las películas de Disney que llegaban al país. Más tarde llegarían las primeras empresas de animación como Caricolor o DASA (Dibujos Animados de México) en las que animadores estadounidenses como Pete Burness o Rudy Zamora eran profesores y de la que saldrían algunos de los mejores animadores de la época como Carlos Sandoval o Ignacio Rentería.
Tras algunos intentos en las siguientes décadas y los primeros trabajos para las series estadounidenses, en 1974 se produce el primer largometraje mexicano, «Los tres Reyes Magos”, de Fernando Ruiz, de factura cuidada, así como la primera serie para la TV, «La familia Telemiau” (1973). A partir de esta fecha, la producción será ya casi constante y en 1977 sale a la luz el segundo largometraje, «Los Supersabios”, de Anuar Badín.
En la década de los 80, Emilio Watanabe junto a Paco López realizan «Crónicas del Caribe”, una creación que dio nuevos aires a la producción mexicana y que a la postre sirvió para que una nueva ola de animadores mexicanos se alejara de los postulados de la industria y empezaran a investigar con nuevas técnicas y narrativas. Pero es, sin duda, con la concesión de la Palma de Oro de Cannes en 1994 al mejor cortometraje por «El héroe” (1993), de Carlos Carrera, cuando se producirá un punto de ruptura generacional, estético y de contenidos. A partir de este título se origina un apoyo institucional y una eclosión de autores/as que en paralelo a la industria existente crearán una producción independiente que buceará por técnicas distintas al dibujo animado y con historias alejadas del público infantil. Títulos como «Largo es el camino al cielo”, de José Ángel García, «Pronto saldremos del problema”, de Jorge Ramírez o «Malapata”, de Ulises Guzmán dan buena cuenta de ello.
Otro de los momentos clave para la animación mexicana se produce con «Hasta los huesos” (2001), de René Castillo, premiada en Annecy, entre otros muchos festivales, y que servirá de empuje a la producción que surge en el nuevo siglo, con la aparición de una experimentación de la mano de «Anatomía de una mariposa”, de Adriana Bravo y Andrea Robles, entre otros. También hay que destacar el trabajo que distintos autores han realizado en la animación con niños como es el caso de Dominique Jonard, Blanca Agüerre o los talleres surgidos de La Matatena, una experiencia única de animación hecha por niños.
La animación mexicana sigue en pie con esta dicotomía entre la industria y las producciones independientes. Además, hay una nueva generación formada fuera del país en distintas escuelas internacionales, como la Vancover Film School o la Pompeu Fabra de Barcelona, que sin duda se convertirá en el futuro más cercano de la animación mexicana.
Es por ello que Animadrid pretende dar a conocer al público de forma extensa y en profundidad el cine de animación de este país a través de sus obras y autores y descubrir que es uno de los más originales e interesantes de la animación mundial. Para ello, durante el Festival está teniendo lugar una retrospectiva histórica de títulos de cine entre los que destacan «Malayerba nunca muerde”, de Carlos Carrera (1988), «4 maneras de tapar un hoyo”, de Guillermo Rendón y Jorge Villalobos (1995), «Sin sostén”, de Antonio Urrutia y René Castillo (1998), «El muro”, de Sergio Arau (1999), «El octavo día”, de Juan José Medina y Rita Basulto (2003), «Síndrome de línea blanca”, de Lourdes Villagómez (2005) o «Niebla”, de Emilio Ramos (2006). Además, se efectúa un taller de animación para los más pequeños dentro de la sección «Primeras miradas” y se realizan diversas actividades relacionadas con su cultura y gastronomía.