El francés Bertrand Tavernier pone ironía y sátira política en «Quai d’Orsay”

Y es que Lennon es la excusa de una película que protagoniza Javier Cámara junto a los jóvenes Natalia de Molina y Francesc Colomer que habla de la educación, de la libertad que se colaba por todas las rendijas y de la España aún subdesarrollada de 1966. Cámara interpreta a un profesor de inglés que da clases en un instituto de Albacete y que utiliza las letras de las canciones de Los Beatles para enseñar su asignatura, que cuando se entera que John Lennon se encuentra en Almería rodando una película («Cómo gané la guerra”, a las órdenes de Richard Lester), decide viajar para conocerle y hacerle una petición. En el camino recogerá a un chico que se ha fugado de casa y a una joven de 21 que aparenta estar también escapando de algo. Entre los tres nacerá una amistad inolvidable.

Tras «Madrid, 1987”, David Trueba vuelve al cine con mayores ambiciones de producción, sin dejar de mirar al pasado de España, como ya había hecho en aquella película o en «Soldados de Salamina”, su mejor película junto a ésta. En la película los tres personajes representan tres formas de rebeldía frente a un orden establecido. No son personajes históricos sino seres anónimos que con su pelea, particular, íntima y esforzada, ayudaron a cambiar el país que 10 años después ya sería completamente diferente. Además, David Trueba utiliza los espacios abiertos de la provincia de Almería como un horizonte libre, azul, lleno de sol, de ese sol que también ilumina llamando a Lennon, y de esperanza en el futuro. Una película de personajes positivos, que deja un excelente sabor de boca. En los cines la veremos en la última semana de octubre.

La segunda película del martes ha sido «Quai d’Orsay”, del francés Bertrand Tavernier, título que recoge como se suele denominar al Ministerio de Asuntos Exteriores francés, por la calle en que está situado. Ambientada en la era Bush, la película es una divertida sátira política sobre un ministro de Asuntos Exteriores galo, interpretado por Thierry Lhermitte, visto a través de uno de sus colaboradores más próximos, el joven contratado para que le escriba los discursos. Este ministro, hiperactivo, contradictorio y que siempre procura moverse a favor del viento, viajará a las Naciones Unidas, salvará una crisis con un país africano e incluso concederá la residencia a los padres de un niño inmigrante. Una película de ritmo frenético, de diálogos chispeantes, y muy divertida, que nos devuelve al mejor Tavernier, un director que por cada película de cal ofrece tres de arena. No se puede pedir más a un festival de cine.