UNA COMEDIA CARCELARIA SOBRE UN JOVEN QUE APARENTA ESTAR EN AMÉRICA ESTUDIANDO UN MÁSTER CUANDO EN REALIDAD ESTÁ PRESO POR DELITOS FINANCIEROS

La película cuenta como Antonio, un ejecutivo de éxito al que han condenado por delitos financieros, se enfrenta a dos años de cárcel pero no está dispuesto a que nadie se entere. El plan está trazado a la perfección: ha solicitado una excedencia y con ayuda de su abogado, su novia y algunos contactos bien pagados, hace creer a todos que está estudiando un máster en Estados Unidos. Pero para salir a tiempo de reincorporarse al trabajo, tendrá que lograr que le reduzcan la pena mostrando un comportamiento ejemplar. Este propósito se complica cuando su novia le deja en la estacada y Antonio tiene que buscárselas él sólo en la cárcel para mantener a salvo su mentira. Así, empezará a hacer lo que mejor sabe: aprovecharse de quienes lo rodean, como Carmona, un delincuente habitual con el que entabla una relación comercial que a ratos parecerá una amistad; Lamís, una antigua conocida de la noche que ante él se siente rejuvenecer y hará cualquier cosa que le pida; y Sara, con quien compartirá mucho más que las clases de apoyo que imparte a un grupo de internas. Entre charlas y bromas, tragos clandestinos, partidos de fútbol y algún vis a vis, la obligada convivencia irá destapando las mentiras que todos han construido en su vida, y les obligará a aceptar quiénes han sido hasta entonces y decidir quiénes quieren ser en adelante.

«321 Días en Míchigan» es, según desvela Enrique García, «un retrato contemporáneo de lo que es hoy en día una cárcel española, habitada por una población reclusa en la que conviven internos de «la vieja escuela” (delincuentes marginales, reos habituales…), con el «nuevo preso” que también está llegando a la cárcel: personas de clase media, sociabilizados, que cumplen condena por delitos económicos, contra la seguridad vial, etc. gentes que nunca pensaron que acabarían en la cárcel y que ahora han de enfrentarse tanto a su condena como a sí mismos».