LA PELÍCULA RUSA «BUBEN. BARABAN» Y LA BRASILEÑA «Os famosos e os duendes de la morte» ABREN LA SECCIÓN OFICIAL

«Buben. Baraban» se sitúa en un paupérrimo pueblo minero de la Rusia de los años 90. Ha dirigido Alexei Mizgirev (Myski, 1974), un graduado en Filosofía por la Universidad de Tomsk que aprendió dirección en el Instituto de Cine Gerasimov de Moscú. Discípulo de Vadim Abdrashitov, fue su ayudante de dirección en la multipremiada «Ma Gritnye buri» («Tormentas Magnéticas», 2003). Tras varios cortos, rodó hace dos años su segundo largometraje, «Kremen» («Corazón duro»), que pivotó sobre un policía corrupto en Moscú y ganó el premio Rainer W. Fassbinder en el Festival de Cine Mannheim-Heidelberg.
La corrupción policial es uno de los numerosos temas que «Buben. Baraban» aborda. Todo gira en torno a una mujer de miserable existencia, la archivera Yekaterina Artemovna, que malvive vendiendo ilegalmente libros de la biblioteca. Un desconocido devuelve un libro, sin saber que ella es la traficante. Surge el amor y viven juntos en un magro apartamento. El descubrimiento de sus acciones ilícitas, una traición, la muerte de su padre en la mina y desgracias en cadena no hunden a una mujer que descubre su fortaleza en las más adversas de las situaciones. Con una cruda fotografía de Vadim Deev, que recrea los paisajes grises, la crudeza del invierno y la infelicidad vital, la película opera como un retrato dramático de una Rusia que busca horizontes menos ingratos. Un film radicalmente distinto, el brasileño «Os famosos e os duendes de la morte», primer largometraje de Esmir Filho, que se ha encargado de adaptar la novela homónima de Ismael Caneppele, junto a su autor. Filho se atreve con varios formatos -de 35 mm. a digital-, juega arriesgadamente con los colores, y domina la transición de lo virtual a lo real al explorar el martirio de los primeros síntomas del deseo sexual en la adolescencia, que ya había afrontado en los cortometrajes «Saliva» y «Alguma coisa assim». El protagonista es un adolescente fanático de Bob Dylan que se hace llamar Mister Tambourine en los foros de Internet. Se obsesiona con una mujer desconocida cuyas imágenes mira obsesivamente, fuma marihuana, hace novillos y fantasea. A la manera de una ensoñación fílmica, la película tiene un tono de ensoñación para narrar la difícil transición de la infancia a la edad madura. El resultado: una «película poema» en la que Mister Tambourine se sumerge en un mundo sofocante, sin posibilidad de salvación y sin esperanza ni futuro.