Fue el director de «La aventura del Poseidón», pionera del cine de catástrofes

Ronald Neame había nacido en Londres el 23 de abril de 1911 y formaba parte de una segunda generación de artistas. Su pare, Elwin Neame, fue director de cine mudo y su madre, Ivy Close, fue actriz. Neame fue uno de los impulsores de la industria británica del cine en los años 20 del pasado siglo, cuando empezó a trabajar en los famosos estudios Elstree, donde tuvo la suerte de hacer de cámara para Alfred Hitchcock en «La muchacha de Londres» (1929).
A partir de los años cuarenta, Neame amplió su abanico de habilidades profesionales al triunfar como ingeniero de efectos especiales con «One of our aircfrat is missing», de Michael Powell y Emeric Pressburger, 1942), además de colaborar con David Lean en los guiones de «Breve encuentro» («Brief Encounter», 1945) y «Grandes esperanzas» («Great Expectations», 1946), por los que recibió dos nominaciones al Óscar en la categoría de mejor guión.
Su primer largometraje como director fue «Take my life» (1947); desde entonces y hasta 1980 rodó 26 películas, entre las que destacaron «The Card» (1952), «Un genio anda suelto» (1958) y «Whisky y gloria» (1960), todas ellas protagonizadas por Alec Guinness, «El Millonario» (1953), protagonizado por Gregory Peck, «The Man Who Never Was» (1956), «Una mujer sin pasado» (1964), protagonizado por Deborah Kerr y John Mills, «Alarma en extremo Oriente» (1958), protagonizado por Peter Finch y Mary Ure, «Muchas gracias, Mr. Scrooge» (1970) o «Meteoro» (1979), pionera en mostrar como un inmenso meteorito puede acabar con la Tierra. Sin embargo, la cumbre de su carrera llegó en 1972 con la citada «La aventura del Poseidón», protagonizada por Gene Hackman, Ernest Borgnine y Shelley Winters, que logró nueve nominaciones al Oscar. Además, Neame también dirigió en otros films a intérpretes de la talla de Judy Garland, Dirk Bogarde y Maggie Smith, ganadora del Oscar por «Los mejores años de Miss Brodie» (1969).
Ronald Neame nunca se había llegado a recuperar tras sufrir una caída hace días. Neame nunca estuvo en el Olimpo de los directores per fue uno de esos sólitos artesanos que sabía como hacer una película sin que chirriase en ningún momento. El director siempre mantuvo que su éxito con los actores se debió a que nunca se entrometía en el trabajo de ellos y los dejaba hacer. Según se cuenta, durante la filmación de «I Could Go On Singing» de 1963, Judy Garland, sin instrucción alguna, alcanzó tal grado dramático durante la filmación de una escena, que el equipo completo rompió en llanto.