Su centenario teatro de autómatas, el más antiguo de España, será donado al Ayuntamiento de Madrid por voluntad del artista

Licenciado en la RESAD, debutó en la gran pantalla con un pequeño papel en «Cerca de las estrellas», del también recientemente desaparecido César Fernández Ardavín (1962), pero un año más tarde su popularidad se disparó gracias a «Confidencias de un marido», de Francisco Prósper (1963) –junto a Rafaela Aparicio y Enriqueta Carballeira–, y «La máscara de Scaramouche», de Antonio Isasi-Isasmendi (1963), en la que encarnaba a Pierrot. A pesar de estas intervenciones, Cañas no llegó nunca a familiarizarse con el celuloide y fue espaciando sus apariciones, entre las cuales destacan «La frontera de Dios», también dirigida por Fernández Ardavín (1965); «Días de viejo color», de Pedro Olea y con guion de Antonio Giménez Rico (1968); o «Soltera y madre en la vida», de Javier Aguirre (1969). Su último trabajo para cine fue «Mala yerba», de José Luis Pérez Tristán (1991).

Cañas también cultivó el teatro y fundó una efímera compañía, La Tarumba –con la que montó el lorquiano «Retablillo de Don Cristóbal»–, pero su gran pasión y su forma de sustento fueron los títeres, oficio que con el que emprendió su gran proyecto en los últimos años, cuando en 2001 compró a un conocido valenciano la barraca Hollywood, el teatro de autómatas más entiguo conservado en España, del que consiguió restaurar por cuenta propia sus 35 personajes y que le permitió ir de gira por España, Francia, Bélgica, Italia o la República Checa.
La últimas funciones en las que sus autómatas cobraron vida tuvieron lugar entre el 23 de diciembre de 2011 y el pasado 8 de enero en el centro cultural de Conde Duque de Madrid. Entre las últimas voluntades del artista figura, precisamente, que su casi centenario teatro sea donado ahora al Ayuntamiento de Madrid.