Representó a Barbra Streisand, Gore Vidal, Burt Reynolds y Nick Nolte, entre otros

Sue Mengers conocida por su inteligencia, diálogos abrasivos, excentricidad y encanto. En los 70 y 80, nadie podía alcanzarla. Fue llevada al cine en «The Last of Sheila» («El fin de Sheila») interpretada por Dyan Cannon.

Murió acompañada por dos íntimas, Ali MacGraw y Sherry Lansing, ex jefa de la Paramount y mujer de William Friedkin. Vivió una vida de leyenda. Huyó de la Alemania nazi y llegó con su familia a los Estados Unidos en 1938 sin hablar inglés. Aprendió la lengua y tuvo una profesora para eliminar el acento teutón. Su padre se suicidó y ella encontró alivio en las sesiones de cine matinales dobles. Su madre limpiaba casas.

Al salir del colegio se colocó de secretaria en las agencias William Morris y Creative Management Associates. En 1967 los jefazos Freddie Fields y David Begelman le propusieron ponerse al mando del departamento de salas de cine. Se trasladó de Nueva York a Los Angeles y descubrió el paraíso. Se convirtió en una durísima negociadora, pero llena de instinto y olfato. Su especialidad eran las audiciones. Logró a Lauren Hutton para American Gigolo y a Ann Margret para Conocimiento carnal, junto a Art Garfunkel. «Jamás contraté a nadie que no fuera a tener éxito», le dijo a The New Yorker en 1994.

Aunque confesó haber cometido algunos errores, actuar como un tanque y hacerse demasiados enemigos. Se jactaba de sus logros y de haber abierto las puertas a mujeres en territorios prohibidos para ellas. Jamás se consideró feminista (los demás, sí). Su reto era conseguir clientes geniales y confesó no ganar el mismo sueldo que sus colegas del sexo opuesto. En 1986 lo dejó, exhausta, aunque regresó dos años después, como jefa mundial de William Morris. Pero fue un error porque la agencia había cambiado sus política y su tiempo de gloria había finalizado. No atraía grandes estrellas y nadie la temía. Eran mediados de los 80.

Ella se negaba a aceptarlo, así como el desembarco japonés en Hollywood, seguía creyendo en las celebridades. Cuando en 1989 Mengers abandonó William Morris, seis agentes la siguieron. Se volvió una mujer hermética e inaccesible. Dió banquetes privados en su mansión a los que acudían Annette Bening, Fran Lebowitz, sir Elton John, Diane von Fürstenberg o Barry Diller. Entretuvo al editor de Vanity Fair Greydon Carter, a Frank Rich del New York Magazine o Alessandra Stanley de The New York Times. Estuvo casada con el director Jean-Claude Tramont («All Night Long») y dividían su tiempo entre sus mansiones en Beverly Hills y París. El murió en 1996 y a ella sus legión de fans se convirtieon en familia. Sic transt Gloria Swanson.