Rodada en blanco y negro, Jean Rochefort es un vijo escultor en busca de crear su obra definitiva, y Aida Folch una joven refugiada española

Fernando Trueba recrea un tema muy recurrente en el mundo del arte, el de un artista, aquí un viejo escultor, con su modelo. De familia de artistas, Trueba sabe de lo que habla y llena la narración, ambientada en la Francia ocupada de 1943 de pequeños detalles. «El artista y la modelo» es un relato en el que la vejez y la juventud se unen de forma mágica gracias a la belleza y al arte.
Ambientada en la Francia ocupada de 1943, en un pequeño pueblo del Roussillon cercano a la frontera española, narra la historia de un viejo escultor, desilusionado de la vida y de la especie humana, que recupera su necesidad de crear y esculpir la belleza cuando una joven española huída del ejército franquista se refugia en su casa. El escultor le pedirá que pose como modelo para hacer un última y más definitiva escultura que legará a la posteridad. En el taller de la montaña, mientras trabajan, modelo y artista hablan con sencillez y cercanía de todo lo que les rodea. Poco a poco, Merce se va interesando por el viejo artista e intenta entenderlo a él y, sobre todo, su manera de entender su trabajo, y su especial visión del mundo y de la vida. Mercè es valiente y reservada. Inteligente y luchadora. La vida la ha hecho madurar, pero al mismo tiempo conserva algo infantil.
«Es una apuesta por parar el tiempo más de 10 segundos para mirar a las cosas y a las personas, en una época en que todo va muy deprisa, en la que nadie se detiene a leer más de 10 líneas seguidas, y no hablemos de Guerra y Paz», ha dicho en San Sebastián FernandoTrueba. «Volvamos a disfrutar de lo que es denso, porque sólo en lo que requiere tiempo hay placer. La velocidad sólo sirve para la Fórmula 1», ha añadido.
Jean Rochefort, que interpreta al escultor, retrata a un hombre deprimido en cuya vida hace irrupción «un momento de plenitud inesperada, en una época negra y oscura, de ciudades bombardeadas y almendros en flor», según palabras del director. Trueba ha aclarado que siempre pensó «que la película sería en blanco y negro sin que existiese un momento concreto en que lo decidiese. Me ocurrió algo parecido con la ausencia de música en el filme, aunque pospuse la decisión final hasta después de terminar el montaje. Al final sentí que no y como estaba previsto, únicamente dejé la Novena de (Gustav) Mahler al final de la obra», ha desvelado. En su reflexión en voz alta sobre la creación artística, Fernando Trueba ha defendido que «sólo es artista quien es artesano», y ha reivindicado la «humildad del oficio», renegando de las escuelas de arte que enseñan a los alumnos «a ser genios, más que a pintar y a mancharse».
Sobre sus actores, el cineasta ha afirmado que apenas necesitó hacer casting, porque todos ellos estaban en su cabeza cuando elaboró el guión. Acerca de Claudia Cardinale, que interpreta a la esposa del viejo escultor y de la que el personaje de Rochefort dice en la película que «su cuerpo era único», Trueba reconoció que fue un amor de su adolescencia, y su personaje supone un homenaje a la actriz.
Pero ha sido Aida Folch, la joven actriz que encarna a la joven modelo, la que mayor entusiasmo ha mpstrado por haber protagonizado una película de Trueba. Tanto que recordó las palabras del director español cuando recibió el Oscar en 1994 por «Belle Epoque»: «Me acuerdo de cuando Fernando dijo que para él Dios era Billy Wilder. Para mí Dios es Fernando Trueba», ha afirmado la actriz.