ESTÁ DIRIGIDO POR JAVIER ESPADA Y GAZKIA URRESTI, CON LA COLABORACIÓN DE JUAN LUIS BUÑUEL Y JEAN CLAUDE CARRIÈRE

«El último suspiro. Buñuel en la memoria» recorre los «solares» decisivos en la vida y obra de Buñuel: Calanda, Zaragoza, París, Toledo, Madrid, Nueva York, Los Angeles y México D.F. Carriére y Buñuel hijo se muestran como peregrinos por lugares tan emblemáticos como la casa solariega de Calanda, el colegio jesuítico de Zaragoza donde estudió, los locales parisinos en que comió, bebió y estudió cine, la librería española de la calle Guy Lussac donde conoció a Jeanne Rucar -la tenista y campeona olímpica que se convirtió en su esposa-, el cine en el que estrenó «La Edad de Oro», la «Venta de Aires» toledana en la que fundó la «Orden de Toledo» -basada en la fidelidad a los votos de la parranda etílica-, la Residencia de Estudiantes madrileña en la que conoció decisivamente a Salvador Dalí y Federico García Lorca.
En el recorrido, se topan con Ian Gibson, Gabriel Figueroa hijo, Silvia Pinal o Angela Molina, con los que desgranan recuerdos.
El pasado jueves, en el Filmmuseum de Amsterdam, se desvelaron los primeros 45 minutos editados del documental, los que visitan los «solares buñuelianos» en españa y Francia. Lo presentaron Juan Luis Buñuel y los realizadores Espada y Urresti.
El proyecto arrancó en 2004, cuando Espada -director del Centro Buñuel de Calanda- descubrió en los archivos madrileños de la Filmoteca Nacional, las fotos inéditas que el mismo Buñuel tomó en México D.F. en 1950 para las localizaciones de la que sería «Los olvidados», una de sus obras maestras.
En colaboración con la Berlinale (en cuya pasada ediicón se mostró por primera vez lo que sus autores consideran como un «borrador» del documental) y la cadena televisiva alemana ZDF, la filmación se inició el pasado año durante el pasado Festival Internacional de Cine de Cannes y finalizó apenas hace seis semanas. Ahora, se encuentran en plena fase de montaje final para un metraje final estimado en 100 minutos.
En Amsterdam, integrada en la cuarta edición de Latin American Film Festival -con sede central en Utrecht- se mostró el documental acompañado de la exhibición fotográfica y documental en torno a «Los olvidados», con documentos y fotografías inéditos, los galardones recibidos (premio al mejor director en el festival de Cannes en 1951, Arieles mexicanos, certificado de la censura prohibiendo la exhibición del film en España entre otros), un texto loatorio de Octavio Paz y música arrancada durante «La rompida» de la Semana Santa calandesa.
Durante la presentación, aunque Juan Luis Buñuel alegó irónicamente padecer de Alzheimer, recordó el rodaje familiar en el que fue ayudante de dirección de su padre. En la foto del equipo, figuran él con apenas 17 años, su madre y su hermano Rafael Buñuel. Espada recordó una declaración de Nicholas Ray: «Si hubiera visto a tiempo «Los olvidados»…habría rodado mejores películas».

Juan Luis recordó como su padre vivió su mejor etapa creativa en México D.F. cuando, acuciado por las necesidades económicas, rodó películas comerciales como «La ilusión viaja en tranvía», su favorita de la obra paterna, o revivió anécdotas como la escritura en apenas 48 horas del film «Susana, demonio y carne».
En el folleto del Filmmuseum acerca de la retrospectiva buñueliana -en la que se proyectarán versiones remasterizadas de «Los olvidados» y «Un perro andaluz», ésta con nueva banda sonora- se califica a Buñuel de «cineasta excéntrico». Su hijo, negó esta característica: «Mi padre no fue un excéntrico, al contrario. Era un hombre muy familiar, amante de la casa y la lectura reposada del periódico. Lo único excéntrico eran sus películas. Y las detestaba, no quería saber nada de ellas. Consideraba que el éxito de «Belle de Jour» se debió únicamente a que trataba de prostitutas».
Juan Luis dirigió a Catherine Deneuve y Fernando Rey en 1976 en «La mujer con botas rojas».
Invitado por www.cineyteatro.es a comentar el misterioso contenido de la famosa caja china que tanta repulsión provoca a Séverine Serizy (el personaje de Catherine Deneuve) en el film, Buñuel hijo se avino finalmente a revelarlo: «¡No había nada!. Mi padre pensó en introducir unas repugnantes patas de gallina pero pensó que era mejor no mostrar nada. Quería que la mente de cada espectador fabricara un contenido que provocara una íntima repulsión».