El cieasta tenía 67 años y fue el descubridor de actores como Ariadna Gil, Javier Bardem, Penélope Cruz, Verónica Echegui y Jordi Mollà

Bigas Luna realizó en 1976 su primer largometraje «Tatuaje”, basado en la novela homónima de Manuel Vázquez Montalbán. Prosigue rodando algunos retratos intimistas en 8 mm., así como once películas pornográficas en 16 mm., distribuidas comercialmente bajo el nombre de «Historias impúdicas”. La huella de este trabajo experimental y voyeurista se deja sentir en su primer film realmente importante, «Bilbao” (1978), película de culto, que tras su paso por Cannes obtuvo una selecta difusión internacional.
En «Caniche” (1979) volvió a mostrar la personalidad y novedad de su obra, además de su capacidad para rodar producciones de bajo presupuesto con especial cuidado y minuciosidad. En 1981 se trasladó a los EE.UU. donde realiza «Renacer” (1981) junto a Dennis Hopper. De regreso a Barcelona, dirigió «Lola” (1985), impregnada de imágenes fetichistas que anticipan el carácter de su cine en los años noventa.
Tras rodar el thriller «Angustia” (1985), se retiró a Tarragona para dedicar su tiempo a la pintura. El productor Andrés Vicente Gómez le convenció de volver al cine y le encargó la dirección de «Las edades de Lulú” (1990), con la que consiguió llegar a un público mayoritario.
Sin dejar de lado su pasión por la pintura y la fotografía, reflejada en sus numerosas exposiciones, inicia la denominada Trilogía Ibérica, formada por «Jamón, jamón” (1992), que gana el León de Plata en el Festival de Venecia; «Huevos de oro” (1993), Premio del Jurado del Festival Internacional de San Sebastián, y «La teta y la luna” (1994), Osella de Oro en el Festival de Venecia.
El reconocimiento del público y la crítica europeos le sirve para rodar «Bámbola” (1996) en Italia y «La camarera del Titanic” (1997) en Francia, contando en ambos casos con repartos internacionales. Entre sus últimas películas, «Volavérunt”, «Son de mar” y «Yo soy la Juani”.
Bigas Luna era un artista multidisciplinar que supo captar la potencia de las nuevas tecnologías de la comunicación en la sociedad actual. Prueba de ello fue su apuesta por las películas digitales y el desarrollo de proyectos multimedia, como «Collar de moscas” (2001), ideado para Internet; la exposición «Orígenes”, compuesta por once pinturas de gran formato en imagen digital, o la videocreación.