Tras una larga trayectoria teatral, el papel del gruñón Julián Pastor le otorgó gran popularidad en la serie «La que se avecina»

«Aquí no hay quien viva», a lo largo de 2006, y «La que se avecina», durante los dos años siguientes, le proporcionaron un dulce epílogo a una carrera que comenzó en los platós de Televisión Española del Paseo de la Habana en 1964, en los míticos «Estudio 1». «El personaje de Julián le sirvió como renacimiento después de algunos años en que había caído en el olvido, fue una retirada con buen sabor de boca”, detalla la que fue su representante desde 2004, Berta Saiz. Y añade: «Andrés era, en cierta medida, un poco como aquel viejito que le proporcionó la fama en televisión: un abuelo con genio y carácter, sarcástico y con mucha chispa. Un hombre amoroso al que todos queríamos mucho”.

Tras la temporada de 2008, ya físicamente debilitado, Manuel Andrés optó por regresar a Valencia y enseguida ingresó en la residencia de ancianos donde falleció anoche, acompañado por sus tres sobrinos, la única familia que conservaba.

Manuel Andrés inmortalizó sus vivencias y peripecias profesionales en el libro de memorias «Te lo cuento y no te miento» (2005), subtitulado Casi un siglo de anécdotas teatrales. Allí relataba sus andanzas sobre las tablas desde que debutara con «Seis personajes en busca de autor», de Luigi Pirandello, en el madrileño Teatro Serrano. Corría el año 1955, el mismo en el que también participó en «Rosas de otoño», de Jacinto Benavente. Luego llegarían «El zoo de cristal» (1957), de Tennessee Williams; «Medea» (1958, junto a Nuria Espert) o «Camino real», también de Williams.