La actriz María Elena Velasco, un icono del cine mexicano, desaparece a los 74 años como consecuencia de un cáncer

María Elena Velasco había nacido en Puebla el 17 de diciembre de 1940. Velasco era una mujer bella y morena que empezó su carrera como vedette en el famoso Teatro Blanquita de la Ciudad de México poco antes de que naciera la India María. Se burlaba de los gastos excesivos de los políticos, y en el México de la hegemonía priísta, el espacio daba para pocas risas. Se burló de la excentricidad del fallecido expresidente José López Portillo (mandatario entre 1976 y 1982) en sus viajes de Estado. El mandatario cargaba con toda su familia y estaba tan satisfecho con su prole que llamó a uno de sus hijos, José Ramón, recién nombrado funcionario del Gobierno mexicano en la administración de su sucesor, «el orgullo de mi nepotismo». México atravesaba una gravísima crisis económica que llevó a una devaluación y fuga de capitales de la que apenas se ha recuperado después de más de 30 años. Hay anécdotas que rebasan la ficción. Los caprichos de la era de López Portillo llegaron a tal extremo que su entonces esposa, Carmen Romano, pidió a sus anfitriones a que la sentaran frente al piano de Mozart, en Viena, donde ella buscaba demostrar su pericia ante el instrumento. Tocó Der Flohwalzer, una canción que en España se llama «La Chocolatera» y que en México se conoce como «Los Changuitos».

La Sociedad de Directores Realizadores ha dicho en un comunicado: «Todos la recordaremos como el personaje pobre, simpático, sin buen manejo del español, pero con la malicia y el ingenio para salir bien librada de todos los abusos de poder de los políticos y de los empresarios».

La India María se convirtió en el personaje que denunciaba esa desigualdad y racismo en películas como «Pobre pero honrada», «El miedo no anda en burro» y «Tonta pero no tanto».

La actriz se mantuvo alejada del personaje durante 15 años, pero lo retomó para filmar la que sería su última cinta, «La hija de Moctezuma», estrenada en 2014.

El comunicado de los directores asegura que su personaje vivía «injusticias que viven a diario todos los mexicanos desposeídos, que ella encarnó para representar su venganza simbólica». Y sentencian: «Siempre se salía con la suya, demostrando que sí se puede». Para los más de 50 millones de mexicanos que viven en la pobreza, no se ha podido.