La retrospectiva «Una ventana ab ierta: Sudamérica” cerrará este ciclo dedicado a la animación latinoamericana

Después del éxito del año pasado con la retrospectiva de America Latina, centrada en los países centroamericanos, esta edición quiere cerrar un ciclo importante del cine de animación hispano, con la retrospectiva Una Ventana Abierta: Sudamérica, que mostrará películas de difícil visionado en España.
Este ciclo cubre una muestra del mejor cine desde los años 60 hasta nuestros días, con trabajos de directores consagrados como Carlos Santa y Fernando Laverde (Colombia), Alberto Monteagudo (Venezuela) y Vivienne Berry (Chile). Además nuevos realizadores del panorama latinoamericano surgen con fuerza internacional, los cuales estarán también presentes en esta retrospectiva, como Simón Wilches (Colombia), y que será miembro del jurado de escuelas de animación del festival. Nombres como Cecilia Traslaviña (Colombia), Tomás Weiss (Chile), Jesús Pérez (Bolivia) o José Pedersen (Paraguay) nos traerán su nuevo cine, nuevas tendencias y formatos dentro de la animación.
Esta retrospectiva recogerá también trabajos realizados por autores que han tenido que producirlos fuera de sus países, bien por motivos económicos o políticos, como es el caso de los colombianos Luis Nieto y Alejandra Jiménez López, o la chilena Vivianne Berry.
Para cerrar del todo este ciclo, Animadrid homenajea en esta edición al realizador uruguayo Walter Tournier. Nacido en Montevideo en 1944, Walter Tournier estudió Arquitectura hasta que descubrió que el cine de animación era su verdadera vocación. Integró la C 3M (Cinemateca del Tercer Mundo, Montevideo 1969-1974) realizando antes de su disolución su ópera prima, En la selva hay mucho por hacer, en 1974, una película con hermosos dibujos y recortables cuyos 17 minutos de duración lo convirtieron en el trabajo más largo de animación que se había realizado en Uruguay hasta ese momento. En Perú – donde se exilió hasta 1985 – agregó una segunda pasión (la Arqueología) y realizó diversos cortometrajes con un estilo moderno y abierto, que ofrecieron nuevos modelos a los cineastas y que fueron definiendo las técnicas que posteriormente Tournier llegaría a utilizar con notable maestría, como la animación con recortables («El cóndor y el zorro», 1980) o la animación con plastilina («Nuestro pequeño paraíso», 1985).
De regreso a Uruguay, fundó junto a su amigo Mario Jacob la empresa Imágenes, donde dirigió el departamento de animación. Allí realizó una singular experiencia con niños que se tradujo en el film «Los escondites del sol» (1990), un trabajo cinematográfico que pretendía rescatar experiencias infantiles vividas durante el período de dictadura que se implantó en Uruguay en 1973 y que finalizaría en 1985 con el advenimiento de la Democracia. Hizo también un par de documentales y coordinó, junto con las danesas María Mac Dalland y Malene Vilstrup, un ambicioso Taller de Animación en la que se formaron nuevos realizadores que culminaron su «graduación” con la serie de nueve capítulos «Madre Tierra» (1991). En 1994 se desvinculó de esta productora para formar Tournier Animation, manteniendo desde entonces activa su empresa gracias tanto a la manera modélica de realizar y de producir como a la variedad temática de su magnífica obra, que le ha proporcionado multitud de premios en todo el mundo.
La serie infantil para televisión «Los Tatitos» (1997), cuyas historias que se desarrollan en diferentes ambientes aportan cada una un mensaje de valor humano, obtuvo un gran éxito en Uruguay y en Argentina, y le abrió las puertas al mundo internacional, dirigiendo a continuación títulos tan deliciosos como «El jefe y el carpintero» (2000) y «Navidad caribeña» (2001), producidas para la televisión del País de Gales. Para el director argentino Fernando Birri, Tournier dirigió, diseñó y elaboró las marionetas de su largometraje documental «El siglo del viento» (1999).