«Promised land» que ha coescrito con su otro protagonista, Matt Damon, es un drama ecológico con el que regresa a la gan pantalla

Cuando finalice -el próximo mes de marzo- la sesión final y novena de la serie ya ha rodado «Promised land» que ha coescrito con su otro protagonista, el excelente Matt Damon. Se trata de un drama ecológico en el que es un activista medioambiental que trata de que Damon no instale una planta de energía y que la ciudadanía se empeñe en extraer del subsuelo gas natural.
John trata de seducir a sus vecinos con birras gratis y sesiones de karaoke. El actor, de 33 años y casado con la maravillosa Emily Blunt, sabe que esta es una película vital en el giro de su carrera. «Quiero probarme a mí mismo que puedo ir más lejos que hasta ahora». Maya Rudolph que estuvo con el en «Away we go» ha dicho del atractivo galán: «Es un sólido ser humano y no tiene problema alguno en mostrar sus sentimientos. Es una persona genuina». Damon y él se conocieron hace tres años cuando el oscarizado actor rodó «Destino oculto» («The Adjustment Bureau») junto a Blunt. Surgió una sólida amistad. Dice Damon: «Cuando le conocí sentí que me reencontraba con un rejuvenecido George Clooney, por la dimensión de su talento».
«Promised land» surgió del interés de Krasinski por escribir una historia acerca de la identidad norteamericana. Al principio, no estaba el elemento del gas. El padre del actor le crió en una ciudad llena de industria del hierro al sur de Pittsburgh y su abuelo tuvo tres trabajos. El actor creció en las afueras de Boston y oyó a su padre las historias del orgullo de luchar en un entorno obrero. Eso fue decisivo para crear «Promised land» y Damon se avino a dirigir. Pero diversos compromisos se lo impidieron y ahí entró Gus van Sant.
Krasinski tenía 20 y pico años cuando había finalizado su educación en la Brown University mientras trabajaba de camarero. Por consejo de su madre se presentó a las audiciones de la cadena NBC y se convirtió en Jim Halpert. «Nadie me conocería si no fuera por la serie, es parte de mi vida. Ni habría conocido a mi mujer, así que le debo todo». Está loco por su mujer y se casaron en 2010. Acaban de comprarse una casa en Ojai, donde se siente como en la pequeña villa de la que le hablaba su padre.
«Es una pequeña población con una tienda de helados y un solo cine. Y todos nos conocemos. Nunca lo he tenido y estoy entusiasmado. No se acerca en nada a Los Angeles: hay un ambiente de absoluta paz y relax» ¿Piensa en el fin de «La oficina»? «Sí, pero para centrarme en otros proyectos. La gente me mira como si no fuera a sobrevivir. Pero para mí el futuro es excitante».