EL CINEASTA SE HA REFERIDO A LA TERMINOLOGÍA CINEMATOGRÁFICA Y A SU INFLUENCIA EN LA VIDA COTIDIANA

En su discurso de ingreso en la Docta Casa, Borau recordó una frase de Eugenio D’Ors en la que el escritor catalán decía que «la lengua demasiado pura, como el agua demasiado filtrada, son perjudiciales para la salud”. A su juicio, tales vocablos y otros muchos de corte similar «habrán de aceptarse, guste o no, siempre y cuando cumplan el requisito de ser ampliamente conocidos, apartando aquellos cuyo uso quedan restringidos al trabajo diario de la cinematografía”.
El flamante académico defiende también las voces play-back, flash-back, thriller y sheriff. «No es lo mismo un thriller que una película de suspense, tampoco podemos pretender sustituir play-back por sonido pregrabado o que a un sheriff del Oeste se le llame comisario”, ha dicho. El director, escritor y productor maño, que ocupará el sillón B del desaparecido Fernando Fernán Gómez, se ha explayado sobre las numerosas palabras, frases y coletillas que el cine ha regalado a la vida cotidiana de nuestro país. Entre ellas citó vampiresa, astro, fotograma, rebobinar, moviola, fotogenia, y expresiones como «una casa de cine”, «pasarlo de cine”, «al final voy a ser yo el malo de la película”, «siempre nos quedará París”, «gasta menos que Tarzán en corbatas” o «¡Detente, Drácula, que llevo escapulario!”.
el discurso, al que tituló «El cine en nuestro lenguaje», ha tenido momentos muy divertidos, como el surgido cuando contó las propuestas de diferentes escritores acerca de las traducciones que debían de tener las palabras cinematográficas de origen inglés. Así, para verter al castellano travelling, los hermanos Álvarez Quintero propusieron (sin ningún éxito9 «máquina sobre carriles», mientras que el políglota Julio Casares sugirió (también sin éxito) «cámara seguidora». Para play-back, Casares planteó «sonido superpuesto», D’Ors prefería «fonogonías», el dramaturgo Eduardo Marquina «bailable» y los hermanos Álvarez Quintero «acoplamiento».
Borau, de 79 años, también se ha eferido a algunos estragos que ha provocado el lenguaje de la gran pantalla. «La película «The Day After», que no pasará a la historia del cine, instaló en nuestro lenguaje la expresión «el día después», utilizada hoy a mansalva por periodistas, locutores de televisión, políticos de tres al cuarto y, finalmente, por el público en general. ‘¡Se nos queda, se nos queda en el idioma este horror!’, clamaría el pobre Lázaro Carreter en vano pues, efectivamente, quedó”.
Otras expresiones que José Luis Borau considera cursis y aberrantes son: «Qué bueno que viniste», surgida tras «las pésimas traducciones que se hacen de algunas películas”, o «me quedé solo ante el peligro», «una frase que, además de manida, se suele escribir acentuando la palabra solo, con lo que se trastoca radicalmente su significado”. En el apartado de las benefactoras influencias, Borau, que estuvo arropado durante su discurso con la presencia de cerca de 20 académicos, agradeció a la magia de la gran pantalla el «haber podido besar a una mujer antes de conocer a ninguna”.
De Fernando Fernán Gómez, su antecesor en el sillón B, ha comentado que su «poliédrico talento dio obras tan admirables como «Las bicicletas son para el verano», la mejor pieza teatral que se haya escrito sobre nuestra retaguardia, o «El viaje a ninguna parte», documento fehaciente de lo que fue la vida de los cómicos de la legua”.
RÉPLICA DE MARIO VARGAS LLOSA En su discurso de contestación, Mario Vargas Llosa ha recordado la etapa del cineasta en el periódico Heraldo de Aragón, «cuando hacia crítica cine”, o la fallida intentona de llevar a la pantalla su novela «Pantaleón y las visitadoras»: «Un joven letraherido necesita una pluma y un cuaderno para volcar los trinos poéticos o las fantasías que pugnan por escapar de su cabeza y, un pintor, una cartulina y un pincel. Pero para que un cineasta esté en condiciones de dar aquellos primeros pasos, una complicada y sobre todo costosa maquinaria tiene que alzarse de la nada. Deben participar en la aventura muchos cómplices y asociados, operación que exige, del cineasta principiante, virtudes que tienen poco o nada que ver con el arte: relaciones, simpatía, capacidad suasoria, obstinación, sentido de la oportunidad, una buena dosis de suerte y hasta una pizca de fanatismo y locura”.
Vargas Llosa ha realizado un análisis en profundidad de la película «Furtivos», considerada la obra maestra de Borau, una historia «compleja que mantiene al espectador fascinado y suspenso por la pericia sin fallas con que su feroz y truculenta historia está contada”, añadiendo: «Pocas películas han mostrado tan bien, en una historia tan densa y lacerante, la ambigüedad de la condición humana”. Definido como hombre «solitario” y a la vez «entregado a la generosidad”, Vargas Llosa utilizó la palabra «esencialista” para referirse al cineasta: «Es un esencialista, como lo fue Bergman, Dreyer o Buñuel”.
José Luis Borau ha estado arropado en el acto por numerosas personalidades del mundo de la cultura, el cine, el periodismo y la política, entre ellos el presidente del Gobierno de Aragón, Marcelino Iglesias, el presidente de las Cortes de Aragón, Francisco Pina, la presidenta de la Academia Española de Cine, Ángeles González-Sinde, y los realizadores Jaime de Armiñán, Fernando Méndez-Leite, Manuel Gutiérrez Aragón, Ventura Pons y Jaime Rosales.