EL DIRECTOR OLIVER ASSAYAS FIRMA UN EMOTIVO HOMENAJE AL MUNDO DE LA INTERPRETACIÓN

El Festival de Cannes ha finalizado su competición con «Sils Maria», del francés Olivier Assayas, película muy aplaudida que ha dejado un excelente sabor de boca, gracias a sus actrices protagonistas. La película es una mirada al mundo de la interpretación. Una actriz en la cima de su carrera revisita el éxito desmedido de sus 18 años. A los 40 años, Maria Enders se prepara para retomar la obra emblemática de su juventud en el rol de una mujer más madura, junto a una joven actriz de Hollywood (Chloë Grace Moretz), en el papel que hiciera famosa a Maria. Sils Maria, un pueblo de montaña suizo, es el decorado grandioso que sirve de fondo a los cuestionamientos de una actriz sensible interpretada por Juliette Binoche, quien se interroga por primera vez respecto a su edad. Su asistente, Valentine (Kristen Stweart), es una fuente de apoyo indefectible.
Oliver Assayas explora uno de sus temas favoritos, el paso del tiempo, aquí desde una perspectiva generacional. Al plantear el tema de «la relación que cada quien tiene con su pasado», la pelicula establece un paralelo con la historia común de Olivier Assayas y su actriz principal, Juliette Binoche, quienes se conocieron hace 20 años. Hace tiempo ya que la actriz sugería esta temática al director francés: «La escritura es un camino que simultáneamente me llevaba de regreso adonde todo comienza, tanto para Juliette como para mí, y también adonde nos podemos reencontrar hoy, interrogándonos acerca del presente, y sobre todo acerca del futuro».
La segunda película del viernes ha sido «Leviathan», una metáfora del monstruo bíblico a cargo del ruso Andrey Zvyagintsev, que efectúa un retrato de un héroe trágico, víctima de su propia angustia. Zvyagintsev hilvana esta metáfora apocalíptica con el fin de evocar la angustia de un hombre desesesperado y sumido en la incertidumbre, perseguido por sus miedods y aterrorizado de cara al futuro. Se inspira principalmente en la célebre novela de Thomas Hobbes, una reflexión política en torno a la relación entre el Hombre y el Estado, estudiada en numerosas aulas de clase: «El punto de vista de Thomas Hobbes en lo que respecta al Estado es el de un filósofo de cara al pacto entre el hombre y el diablo: lo concibe como un monstruo engendrado por el Hombre para evitar la guerra de «todos contra todos», y como resultado del deseo comprensible de garantizar la seguridad en detrimento de la libertad, su única posesión real».
Con esta cuarta película con matices filosóficos, la historia de un hombre que vive con su mujer y su hijo, bajo la amenaza de la expropiación, el director ruso continúa explorando la vena humana y social, a veces provocadora, que ya había revelado en «Elena» y «The Banishment», sus dos largometrajes anteriores. Conocido por sus planos estéticos y milimetrados, y por su obsesión por la dimensión mitológica de la existencia, este ex operador de televisión evoca el universo de Andrei Tarkovsky, con imágenes fuertes que expresan el tema del paso del tiempo. Una adaptación de la historia de Job en la Rusia moderna que no ha provocado excesivo entusiasmo.