la función, con Asier Etxeandía, José Luis García Pérez y Emma Suárez, cuenta con direccion de la actriz Blanca Portillo

El suizo Friedrich Dürrenmatt nació en Konolfingen, cantón de Berna, en 1921 y murió en Neuchatel en 1990. Considerado uno de los grandes novelistas y dramaturgos del siglo y famoso por el carácter crítico y el corrosivo humor de su producción, es autor entre otras obras de Los físicos, La visita de la vieja dama o Rómulo el grande.
Además de un estupendo reparto, con Asier Etxeandía, José Luis Torrijo, José Luis García Pérez, Fernando Soto, Emma Suárez y Daniel Grao, el montaje cuenta con la dirección de Blanca Portillo, una de las actrices más destacadas de nuestro panorama, que se enfrenta a una obra que plantea «…un inquietante debate entre los conceptos de ley y justicia… Es un viaje ácido, crítico, irónico y, por momentos trágico, hacia las profundidades del hombre y la sociedad que nos ha tocado vivir”.
«La avería» sigue a Alfredo Traps, viajante de comercio. De regreso a su casa, su flamante Studebaker rojo sufre un desperfecto que no podrá ser reparado hasta la mañana siguiente. Traps resuelve pasar la noche en el pueblo y solicita alojamiento en una casa vecina. El dueño, un hombrecito ya entrado en años, se alegra de recibirlo: esa noche tiene amigos a cenar y lo invita a acompañarlos. Traps acepta sólo para no ser descortés. Pronto llegan otros tres ancianos vestidos todos de levita dispuestos, como otras veces, a pasar la noche jugando a los tribunales. El anfitrión fue juez tiempo atrás, y sus amigos, uno fiscal, otro abogado y el tercero verdugo. A veces recrean procesos célebres de la historia, pero sin duda lo mejor es cuando juegan con personas de carne y hueso. Queda disponible solamente el papel de acusado
La obra habla de la ley, como instrumento objetivo que pretende unificar comportamientos y herramienta para neutralizar a quienes se salen de las normas establecidas, de la Justicia como análisis subjetivo del mundo, una postura filosófica ante los comportamientos humanos, vistos como siempre como hechos únicos e irrepetibles. Dos maneras de concebir el mundo.