UNA PELÍCULA MUDA, CON RÓTULOS Y EN BLANCO Y NEGRO, QUE LLEVA EL POPULAR CUENTO DE LOS HERMANOS GRIMM AL SUR DE ESPAÑA EN LA SEGUNDA DÉCADA DEL SIGLO XX

uda y en blanco y negro. Pero con mucha música. Pablo Berger se suma al actual revival de Blancanieves y convierte el famoso cuento de los hermanos Grimm en un melodrama gótico y surrealista ambientado en la España de los años 20, con personajes extremos en situaciones límite. La película ha asombrado en su presentación en el Festival de San Sebastián logrando un fuerte aplauso.
Tras «Torremolinos 73», Pablo Berger mira ahora al cuento de los hermanos Grimm con un ojo puesto en la francesa «The Artirst», con mucha música pero sin diálogos y con rótulos, y en blanco y negro, donde la gran protagonista no es Blancanieves sino su malvada madrastra, a la que da vida Maribel Verdú.
En el filme, Blancanieves es Carmen, una bella joven con una infancia atormentada por su terrible madrastra, Encarna. Huyendo de su pasado, Carmen, emprenderá un apasionante viaje por el sur de España en los años veite del pasado siglo, acompañada por una troupe de Enanos Toreros. Berger reconoce que la idea surgió cuando le contaba cuentos a su hija. «Después vi unas fotos de Cristina García Rodero sobre enanos toreros, pensé en «Avaricia”, la película de Erich von Stroheim de 1924». Berger quiere que esta personal visión de Blancanieves «recuerde a Carmen, a esa España exótica inventada por extranjeros de bandoleros, mantillas, mujeres guapas y fatales». Maribel Verdú asegura que esta malvada madrastra «solo a la altura de mi personaje en «La Celestina», que desde el primer momento está dedicada en cuerpo y alma a joderle la vida a los demás”. El duelo niña-madrastra sobrepasa lo perfecto y el montaje es una lección de intensidad, garra y humor en sintonía.
Pablo Berger también reflexiona sobre el cine y su historia en este largometraje. El filme es un compendio de guiños cinéfilos que van de «La parada de los monstruos» de Tod Browning al cine expresionista, pasado evidentemente por «Avaricia». El universo taurino como excusa para darle la vuelta a los clichés patrios, algo que también conseguía en su ópera prima, «Torremolinos 73».
Comparada con «The Artist», también en blanco y negro y muda, Berger ha desvelado que presentó el guión en 2005 y ya por entonces tenía claro que se trataba de una película muda y en blanco y negro. «Cuando recibí la noticia del éxito en Cannes de «The Artist» supe que el elemento sorpresa de mi filme había desaparecido”, confesó el realizador.
«La parte muda y blanco y negro nace en este festival hace 25 años, cuando venía como cronista. En un pase en el teatro Victoria Eugenia proyectaron «Avaricia», de E. V. Stroheim, con una orquesta sinfónica. Nunca había visto una película muda en cine y menos con música en directo. Me pareció une experiencia extrasensorial. No sé si llamarlo éxtasis cinematográfico o síndrome de Stendhal», ha añadido el cineasta. «Años más tarde, en un libro de la fotógrafa Cristina García Rodero («España oculta») vi unas fotos de enanos toreros. Una imagen puede ser el germen de una historia. En seguida vi una Blancanieves vestida de torero y pensé que tenía que mezclar todo», concluye.
La película es homenaje al cine mudo europeo de los años veinte («The Artist» lo era al cine americano), con una original reinvención andaluza de Blancanieves que va a dar mucho que hablar.