«Tptum Revolutum», un juego teatral en el Alfil de Madrid

Incluso hay numerosas imágenes que remiten a montajes teatrales de aquella época. El propio cartel anunciador de la obra recuerda algunas fotografías publicadas en su día por la legendaria revista teatral «Pipirijaina», muy dada a ensalzar la estética y algunos valores de los que parece heredero este espectáculo.

Se trata de un musical con tintes bufonescos y de la comedia del arte sobre la Revolución Francesa. Danton, Marat, todos los héroes de aquella revolución pasan por el escenario convertidos en antihéroes, entre bailes y músicas, en el reino del arlequín y del engaño teatral. Hay momentos de cabaret, de mimo, de comedia, con músicos en directo: los siete jóvenes actores realizan un esfuerzo que el espectador agradece. Intercambian sexos: los hombres interpretan a mujeres y viceversa. La representación tiene un nivel muy igualado, aunque destaca la actriz que interpreta al obispo, con su acento andaluz, con sus recursos cómicos.

El montaje, naturalmente, permite que el espectador lea entre líneas. Aunque lo que sobresale es su capacidad para el juego, para el humor, para que reine el arlequín -así va ataviada una de las actrices-. Tiene poética y crueldad, una fuerte dosis de descreimiento. «¿Quién libra al hombre de su peor enemigo, que es el hombre?”, se pregunta uno de los personajes.

Estamos en el teatro Álfil en 2013, pero podíamos estar en la sala Cadalso, uno de los pequeños templos de la vanguardia teatral juvenil de cuando entonces, en 1980. Ese es uno de los logros de esta obra. Demostrar que la fuerza de la juventud, el amor al teatro y la búsqueda de la calidad estética, se perpetúan y se regeneran a lo largo de los años.