La película de Javier rebollo se incluye en el ciclo POST BURLESQUE

«Me gusta mucho estar en Gijón, porque es una ciudad llena de cosas que tienen que ver con la forma de ver el cine y de ver la vida: la comida, los amigos y la bebida, y todo eso pasa muy bien en Gijón. Ante todo, somos espectadores y este es el mejor lugar para ser espectador”.
Para Rebollo, el burlesque son los años 20, el cine mudo, un espejo en el que él se mira mucho. Es más, para componer el papel de Carmen Machi con ella, pensó en un posible cruce entre Buster Keaton y Giulietta Masina. Los dos son personajes burlescos que parecen cómicos, pero que el director califica como humorísticos, «que no es lo mismo, sino que es algo más siniestro”. A la vez que los personajes de la película van creando su propio mundo, critican ese mundo en el que viven, levantando cierta incomodidad.
Un matrimonio aburrido, una vida sexual que no existe, un trabajo monótono, sin variaciones ni motivación alguna, un día a día con el que la protagonista intenta romper una noche, ¿por qué no?
Un trozo de la vida de una mujer, que es lo que Javier Rebollo, ganador de la Concha de Plata al mejor director en el Festival de Cine de San Sebastián, quiere contar. Una película anclada, fijada en un tiempo, 16 de marzo de 2003, recordado por la famosa foto de las Azores, un acontecimiento que abrió una herida con la participación del país en la guerra de Irak, y que hace que la vida de Rosa no sea nada al lado de este hecho, como manifestaba el director.
El film se inició a principios de junio y ya estaba listo para San Sebastián. Cuando se acabó de rodar, la película ya estaba montada, «he descubierto el montaje sobre el rodaje, he disfrutado mucho y pienso hacerlo así a partir de ahora”. Aludía a que visitaba muchísimas veces los lugares antes de rodar, todo es muy cotidiano y pretendía no perder esa frescura, es cinéma vérité.