EL ADAPTADOR DEL TEXTO ES EL DRAMATURGO JUAN PABLO HERAS

José Luis Sampedro siempre pensó que «La sonrisa etrusca», una de sus novelas más conocidas, se podría llevar con facilidad al cine, pero nunca se le ocurrió «la posibilidad de una versión teatral». Por eso, está «muy ilusionado» con la adaptación que ha hecho Juan Pablo Heras, a la que ya ha dado el visto bueno.
«Confieso que, además de ilusión, siento curiosidad» por ver cómo resulta todo, explica Sampedro, cuya novela, la primera de este escritor y economista que subirá a los escenarios, no ha dejado de producirle «innumerables satisfacciones» desde que se publicó en 1985. Se sigue reeditando y está traducida «incluso al chino mandarín».
sampedro recuerda que «uno de los motivos por los que me decanté por la novela es por no ser noctámbulo. Puedo escribir mis novelas de madrugada, enviárselas a mi agente literaria y despreocuparme, pero la dramaturgia tiene otras exigencias», dice el escritor. De ahí que la adaptación al teatro de la novela, cuya fecha de estreno y reparto están aún por decidir, le suponga «volver en cierto modo a los escenarios».
Hace años, pidieron a José Luis Sampedro los derechos de este libro para llevarlo al cine. «Lamentablemente, pese a que el contrato se renueva periódicamente, pasa el tiempo y la película sigue sin realizarse», comenta Sampedro, que si vio como otra novela suya, «El río que nos lleva» fue llevada a la gran pantalla en 1988 de la mano de Antonio del Real.
La iniciativa de convertir «La sonrisa etrusca» en obra de teatro partió del actor Nacho Castro, que quedó atrapado por el potencial dramático que late en la novela, que cue4ntra la historia de un viejo campesino calabrés que viaja a Milán a casa de sus hijos, para someterse a exámenes médicos, y allí descubre a su nieto y también el amor de una mujer.
El actor señala que, tras leer «La sonrisa etrusca», se lió «la manta a la cabeza y me puse en contacto con Carmen Balcells, la agente literaria de Sampedro, para conseguir los derechos. Hace tres años que me embarqué en esta aventura», afirma Castro, especialmente satisfecho de contar con Heras, «interesado en este proyecto desde el principio».
Para Juan Pablo Heras, Premio Arte Joven 2002 con ‘El hombre probable’, «lograr una versión teatral convincente de esta novela es un auténtico reto dramatúrgico. Los personajes son sólidos y funcionan con precisión en una red articulada de conflictos con potencial dramático evidente».
Heras recuerda que «miles de lectores se han enamorado poco a poco de ese viejo cascarrabias, machista, tozudo y sin embargo adorable, que se enternece poco a poco con el calor de sus dos amores crepusculares: Brunettino y Hortensia. Es un proceso que se dilata en el tiempo extenso que caracteriza a la novela, y que yo debía condensar en el tiempo intenso del teatro».
«Si el espectador se emociona como lo hizo el lector, hemos triunfado», añade el dramaturgo, a quien desde el primer momento le ha seducido «el arrollador vitalismo y la energía imparable que destila Bruno, que está gritando para aparecer en un escenario».
Sampedro ha limitado su participación en la adaptación a leer y aprobar el texto que le han presentado y a apoyar a Nacho Castro y Juan Pablo Heras. «Algún comentario hemos intercambiado, pero el trabajo es de ellos, asegura Sampedro.