PROYECCIÓN EN LA SEMINCI DE «EL ASESINATO DEL DUQUE DE GUISE», CON MÚSICA EN DIRECTO DE LA ORQUESTA SINFÓNICA DE CASTILLA Y LEÓN

«El asesinato del duque de Guise» («L’asesinat du duc de Guise») fue dirigida en 1908 por André Calmettes y Charles Le Barguy, con guión de Henri Lavedan, dividida en seis cuadros y música. La música le fue encargada a Camille Saint-Saëns (1835 – 1921), para se interpretada en directo por una orquesta, sincronizada con la proyección. Se creó así la primera banda sonora de la historia del cine.
Antes de la proyección, de 18 minutos de duración, Luis Ivars, compositor, promotor y presentador del concierto y la proyección, ofreció a los presentes otra joya: las claves para poder interpretar con toda exactitud lo que iba a llenar los sentidos de los espectadores.
Primero, turno para la contextualización histórica, el París de la Belle Epoque en el que, según Ivars, «cada noche saludaba al amanecer con un hasta pronto”. Era también el París culturalmente bullicioso en el que las artes marcaban buena parte de la vida de la ciudad. Y allí estaba el cine, aún prácticamente una atracción de feria en la que las bandas sonoras eran libros de piezas creadas para según qué situación. Momentos de amor, libro para elegir.
Momentos de tensión, libro para elegir una música. Y en ese momento, a alguien, los hermanos Lafitte se les ocurrió fundar en 1907 la Compagnie des Film d’Art y conformar el que sería el primer equipo artístico para hacer una película: un director, actores, cámaras y… algo nuevo: un compositor. Camille Saint-Saëns creó la primera partitura escrita para acompañar un filme, y lo convirtió en algo más que un pasatiempo. «Estados Unidos copió la idea y desarrolló el negocio del cine. A Europa, como siempre, nos dejó el arte”, ha explicado Ivars.
Pero la composición marcó un antes y un después en la historia del cine. Y esa composición de 1908, que celebró su centenario el pasado año, ha sonado de la mano de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, bajo la dirección de Claudio Ianni, ante un público que, quizá, en algunos momentos se asombrase al descubrir que esa sincronía perfecta entre escena y música llega de dos lugares distintos. En el segundo, de un escenario bajo sus pies.