Último día de competición en la sección oficial de la Seminci que deja un regusto amargo, no por la calidad de las cintas sino por la dureza de los temas tratados

Samuel Maoz, director de la película, explica que la idea surgió cuando el azar quiso que su hija se quedara dormida y no pudiera coger un autobús que fue víctima de un atentado terrorista. Este hecho le hizo pensar en lo caprichoso del azar y el sin sentido de la situación en Israel.

Ésta es la segunda película Maoz, que debutó en 2009 en Venecia con «Líbano” y con la que ganó el León de Oro en 2009. De hecho en ambas películas el realizador se muestra crítico con el sistema militar, pero asegura que «Si critico el lugar en el que vivo es porque me preocupa y lo quiero proteger, lo hago desde el amor».

«Foxtrot”, tal y como explica el director israelita está estructurada en tres partes:»La primera debe sacudir; la segunda, hipnotizar y, la tercera, conmover”.

El cineasta explica también el porqué del título: «El foxtrot es la danza de un hombre con su destino. Es el tipo de danza donde hay muchas variaciones, pero todas terminan en el mismo punto de partida”.

Desde Australia llega el último trabajo de Warwick Thornton, que ganó en 2009 la Cámara de Oro en 2009 por «Samson y Delilah”. Ahora presenta «Sweet country” un western australiano que pone en tela de juicio a la justicia. La cinta narra la historia de Sam es un aborigen que trabaja en las propiedades de un pastor religioso, Fred Smith. Cuando Harry March, un hombre resentido y malhumorado, vuelve del frente occidental, Sam y su familia son enviados a colaborar en la restauración de su rancho. La relación entre ambos se complica rápidamente hasta el punto en que Sam mata a Harry en un violento tiroteo.

La película usa intermitentes flashbacks para descubrir los detalles que rodean la muerte del veterano a manos de un indígena.

«Los pájaros cantan en Kigali” es un desazonador relato de Claudine Mugambira, de origen tutsi, hija de un célebre ornitólogo asesinado durante el genocidio de Ruanda en 1994. Tras su muerte, Anna Keller, una ornitóloga polaca compañera durante años del padre de Claudine en el estudio de los buitres en Ruanda, la ayuda a huir a Polonia. Por mucha repulsión que pueda generar el comportamiento, nada es comparable a la brutalidad y al sin sentido que es capaz de generar el ser humano.