LA OBRA DE JOSÉ RAMÓN FERNÁNDEZ ES UNA PRODUCCIÓN DEL CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL CON DIRECCIÓN DE JAVIER G. YAGÜE

«La tierra» es la historia de un crimen. Un crimen sin criminales. Uno de esos crímenes de «se nos fue la mano». «La tierra» es la historia del silencio que ha escondido ese crimen, de la gente que miró para otro lado. María regresa a su casa diez años después de aquello y encuentra que el silencio ha sido peor que todos los castigos.
Tal vez sea eso lo que defina el siglo XX: la mirada ausente, que no ve a unos terroristas con las uñas arrancadas, que no ve el humo sobre el cielo de Buchenbald, que no ve el Atlántico lleno de africanos muertos. Que hace como que no ve.
La obra, escrita entre 1994 y 1997, ubicada en los años ochenta y noventa, se puede leer hoy, en 2009, a la luz de una realidad que por entonces no se comentaba: la tozuda memoria de los muertos. De todos esos muertos que hoy son ceniza y un par de balas. De todos esos muertos que descansan, si eso es posible, bajo la tierra de alguna cuneta de España.
«La historia de este montaje es larga», recuerda José Ramón Fernandez. «A principios de 2006, Gerardo Vera me dijo que quería hacer esta obra en el CDN. No era posible: me había comprometido con Emilio del Valle y Producciones Inconstantes. Mantuve mi palabra –lo normal; como dice un personaje de Eduardo de Filippo, «un hombre tiene su palabra y un buey tiene sus cuernos»– y Emilio consiguió estrenar la obra en febrero de 2007; fue el comienzo de una enriquecedora relación con Emilio y sus

huestes, que ha frutecido en trabajos como La lluvia amarilla o Restos. Y lo que vendrá», dice el autor.

El reparto de la función lo integran Sergio Álvarez, Gabriel Andújar, Joel Guijarro, Javier Macarrón, Mariano Llorente, Nieve de Medina, José Melchor, Vicente Navarro, Francisco Olmo, Marta Poveda, Raúl Prieto, David Rubio, Andrea Soto y Julio Vélez. La escenografía y vestuario es de Elisa Sanz, la iluminación, de Pedro Yagüe, y la música original la firma Eliseo Parra.
Desgrciadamente, como ocurre con demasiada frecuencia en este Teatro Nacional, la desastrosa labor del regidor de la función, da al traste con la deseable perfección de la función. Algo que las autoridades del CDN deberían tener en cuenta.