LA OBRA CONSTITUYE UNA MIRADA ORIGINAL A LAS BISAGRAS DE LA HISTORIA

Juan Mayorga ideó «La tortuga de Darwin” tras leer en un
recorte de periódico el 175º cumpleaños de Harriet, una de las cuatro tortugas
que Charles Darwin llevó a Inglaterra tras su viaje por las Islas Galápagos. «Al
ver esa foto vi una obra de teatro y un personaje de gran envergadura»,
aclara Mayorga. «Yo la imaginé escapando del jardín de Darwin, arrastrándose
por un viaje que duraría hasta hoy. Imaginé a una tortuga de casi 200 años que,
habiendo tenido que adaptarse una y otra vez a las más diversas circunstancias,
ha evolucionado hasta ser casi una persona. Un testigo extraordinario que ha
visto la historia desde abajo, a ras de tierra”. El resultado es un texto con
muchas caras, capaz de mostrarse «divertido, emocionante, extraño, tierno,
crítico, áspero y compasivo».

En esta misma línea, José Luis Gómez, director de la Abadía,
califica «La tortuga de Darwin” como «una mirada muy original a las
bisagras de la historia». Mayorga aclara que llega al Teatro de la Abadía,
«el gran santuario teatral de Madrid, con la intención de desestabilizar
el patio de butacas con un espectáculo que quiere ser culto y popular a un
tiempo, pero siempre desafiante, interrogativo y provocativo».

Es la segunda vez que Mayorga trabaja con Ernesto Caballero
tras su experiencia común en «El monstruo de los jardines». En esta
ocasión, Caballero encargó el texto al escritor y él le ha dado forma hasta
alcanzar lo que valoró como un «regalo escénico». «Es un gran
guiso con muchos ingredientes que requieren distintos grados de cocción para servir
el plato», asegura.

ENCUENTRO INICIÁTICO

Los dos personajes principales de la obra son la tortuga
Harriet (Carmen Machi) y el Profesor (Vicente Díez). Caballero comparó estos
caracteres con un chamán y Don Quijote, respectivamente, roles de los que se
sirve para «hablar de los grandes horrores desencadenados en el siglo XX
como el estalinismo o el fascismo, consecuencia de la hipertrofia del sueño de
la razón». Un encuentro iniciático entre dos personajes con mucho que
contar.

A sus casi 200 años de vida, Harriet decide volver a sus
Galápagos natales. Para ello, propone un trato con un historiador: ella le
cuenta todo lo que ha conocido en su vida, acontecimientos históricos y
personajes como Karl Marx, y él, a cambio, le consigue el ansiado viaje de
retorno. Durante su vida en Europa, la tortuga, en palabras de Mayorga,
«se vuelve cada vez más humana y a la vez intensamente animal».
«Desde la época de los griegos, los animales han servido para obtener una
visión crítica del hombre», afirma.

Carmen Machi, que se comprometió a tomar el papel principal
del texto «sin haberlo leído», justifica su decisión en lo «muy
fan» que es de Mayorga. Para Juan Carlos Talavera, la obra plantea
«el uso abyecto de la ciencia» durante los dos últimos siglos.
«Es un ejercicio muy sano y didáctico de memoria histórica», dice.

La obra permanecerá en el escenario del Teatro de la Abadía
de Madrid hasta el próximo 2 de marzo.