GINA LOLLOBRIGIDA RECIBE UN GALARDÓN EN RECONOCIMIENTO A SU TRAYECTORIA

«Opium War», una coproducción afgana, japonesa, surcoreana y francesa, narra la historia de la supervivencia de dos soldados estadounidenses cuyo helicóptero se estrella en una zona de Afganistán. La concesión del galardón a esa cinta ha sido una sorpresa, según los medios de comunicación locales, que esperaban ese reconocimiento para algún largometraje nacional. Un reconocimiento que sí ha obtenido «Resolution 819».
El premio a la mejor actriz ha sido también para una italiana, Donatella Finocchiaro, por su interpretación en el largometraje «Galantuomini», de Edoardo Winspeare. El de mejor actor ha ido a las manos de Bohdan Stupka por su papel en la cinta polaco-ucraniana «Serce na dloni», de Krzysztof Zanussi.
Los premios se completan con la entrega esta noche del Marco Aurelio de Oro a una carrera a la actriz Gina Lollobrigida, premio que también recibió al comienzo del Festival el actor Al Pacino.
Además de recibir el premio, la actriz italiana, de 81 años, presentó el viernes el documental «Gina Lollobrigida. Un simbolo italiano nel mondo», dirigido y montado por ella misma. La veterana actriz aseguró en rueda de prensa que no descartaba volver a interpretar un papel si un «director inteligente» consiguiera convencerla.
Con la entrega de esos premios se ha puesto fin a un Festival de Roma apagado, que sigue sin encontrar el puesto que busca desde hace tres años entre las muestras internacionales. Prueba de esa discreción ha sido el escaso número de estrellas que este año se han paseado por la alfombra roja: Viggo Mortensen, protagonista en «Appaloosa», de Ed Harris, y «Good», de Victor Amorim; y Colin Farrell, que encarna a un policía en la película «Pride and Glory», de Gavin O’Connor. Y la actriz, menos conocida del público en general aunque muy seguida por los adolescentes, Kristen Stewart, protagonista de la película «Twilight», de Catherine Hardwicke.
En el Festival también estuvieron los directores del largometraje colectivo «8/eight», entre ellos Wim Wenders y Gael García Bernal, con el que intentan concienciar sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio que la cumbre de 2000 de la ONU propuso alcanzar para 2015 y que aún están muy lejos de lograrse.
El Festival no ha ofrecido mucho más, con lo que ha quedado claro que, a tres años de su nacimiento, no logra hacer sombra a la Mostra de Venecia, como temieron algunos críticos a la cita romana. Este año, además, Roma se había dedicado con especial ahínco al cine italiano, que no atraviesa su mejor momento, pues programó un mayor número de películas nacionales que en ediciones anteriores. El objetivo de esa programación era atraer más público, pero el buen resultado de esa fórmula es controvertido.
Oficialmente, los organizadores han declarado que la asistencia de público ha sido mayor que el año pasado. «El balance del Festival es positivo: han aumentado los visitantes, los billetes emitidos y sobre todo el número de los acreditados por la industria», aseguró Gian Luigi Rondi, presidente de la muestra.
Pero el periódico La Repubblica desafió esa afirmación con una noticia en la que recogía varios testimonios de personas que trabajan o tienen negocios en el Festival y que estiman que el público ha caído entre un 30% y un 50%. Rondi sí ha reconocido que «en cuanto al desarrollo del concurso ha habido, quizá, molestias por una programación que no ha facilitado el trabajo de los críticos y que deberá ser revisada en un futuro».