LA OBRA ES UNA INTRIGA INTERACTIVA EN LA QUE EL ESPECTADOR DECIDE CUAL ES EL DESENLACE

«Por los pelos” tiene lugar en el interior de una peluquería en la que Tony, su dueño, comenzará su día de trabajo junto a Berta, su ayudante. Todo transcurre normalmente, mientras llegan clientes como Romero y López, hasta que aparece Azucena, una «rancia aristocrática”, en palabras de la propia actriz. En medio de esta amalgama de personajes, un misterioso asesinato que se produce en el piso de arriba desbarajusta la poca tranquilidad que quedaba en el centro estético. Para mayor sorpresa, uno de los clientes, Romero, es en realidad un inspector de policía que con su ayudante Lara, comenzará a investigar el crimen con la ayuda del público.
 
Junto a Loles León que interpreta a Azucena, intervienen también Roberto Corracher (Tony), Norma Ruiz (Berta), Alex O’Doguerty (Romero), Alfonso Montón (Lara) y Mauro Muñiz (López). La obra la dirige Esteve Ferrer, que crea un juego en el que el público se integra dentro de la función.
 
La actriz aclara que todos estos años de ausencia de los escenarios se deben a que todos los papeles que le ofrecían «me parecían aburridos y no había ninguna obra que me atrajese lo suficiente para interpretarla. Sin embargo, con esta obra se ha producido mi reconciliación con el género, ya que sus diálogos y mi personaje me han arrastrado a los escenarios.
 
La obra nació como un ensayo escenificado del psicólogo y dramaturgo Paul Pörtner para estudiar la reacción de la gente ante unos hechos concretos. Debido a su ritmo frenético y calidad de diálogos, pronto se convirtió en una obra aplaudida por más de ocho millones de personas en todo el mundo.
 
INTERACCIÓN
 
Esteve Ferrer vio una de las versiones de esta obra y decidió llevarla a los escenarios españoles, con un montaje en el que son característicos un «lenguaje cercano pero no vulgar y unos personajes creíbles”. Según el director de la obra, «el maravilloso texto original provoca que se logren los objetivos básicos del teatro: entretener y divertir”.
 
«Necesitamos que el público se deje llevar”, asegura Ferrer al explicar que lo importante de este montaje es «la interacción que se crea entre el espectador que juega, los que ven cómo los otros juegan y los actores”. De esta manera, en cada función «será el público el que decida el final de la obra, ya que se han previsto multitud de desenlaces diferentes ante las posibles opciones que puedan otorgar los espectadores. Cada función puede ser diferente”. En los primeros minutos de la obra se presentan los protagonistas y se van sucediendo los hechos. A partir de ahí, «se invita al público para que opine sobre lo que ha sucedido, de manera que el espectador pueda decidir, incluso, quien es el principal sospechoso”.