«Variety» despide a Todd McCarthy, su crítico más destacado, tras 31 años de colaboración

Bruce Willis, el gran filósofo contemporáneo, predijo hace años en Cannes, con motivo de la presentación de 20 minutos de la mastodóntica «Armageddon», que la crítica cinematográfica había «iniciado el camino hacia la extinción al igual que los dinosaurios». El tiempo le ha dado la razón al actor de cráneo rasurado y permanente camiseta rota. La salida de Todd McCarthy de «Variety» ha sido el último incidente. Y es que la revista también vive momentos difíciles, habiendo perdido miles de lectores y el «olfato» de antaño que le permitía los «scoops» más audaces.

Sin McCarthy, la «Biblia» del cine pierde a su único crítico «full time». En Hollywood, las reacciones han sido de asombro y estupor. Ayer, The Los Angeles Times lo reflejaba, publicando las palabras de un productor que quiso permanecer anónimo: «pero, ¿en qué están pensando? Creen realmente en «Variety» que leemos la revista sólo para ver la publicidad relativa a los Oscars?» Neil Stiles, presidente de «Variety» niega el hecho del despido y afirmó ayer que la revista seguirá publicando igual número de críticas, sólo que irán firmadas por colaboradores «free lance». Con Pauline Kael muerta, Michael Fleming jubilado y Peter Bart ya sin poder, McCarthy era el valor crítico más seguro de «Variety» Y ahora, han prescindido de su autorizada y respetada voz.

Es un hecho, que en la industria ya no se lee «Variety» a la búsqueda de noticias, ya que todas aparecen simultáneamente «on line» en las redes de Internet. Lo que los lectores de «Variety» buscaban era opiniones autorizadas como las que vertía en sus críticas McCarthy con su conociminto enciclopédico. Análisis y opinión eran lo más valorado, sobre todo cuando para leer «Variety» on line hay que ser suscriptor.

No corren buenos tiempos para la crítica. Recientemente, en Nueva York, el crítico Armond White de la agencia New York Press fue expulsado de la proyección para la prensa de «Greenberg», lo último de Ben Stiller, porque en el pasado había publicado críticas negativas del director de la cinta, Noah Baumbach. Fue el propio Baumbach y el productor Scott Rudin, quienes dieron la orden de expulsión. Es un hecho que White escribió con motivo del estreno de «Margot at the Wedding» que se trataba de «la película más repelente de la década» y tildó al director de el Lars von Trier de Brooklyn». Se carecen de precedentes de que un crítico haya sido expulsado de una proyección por haber vertido comentarios negativos en el pasado acerca de cintas previas de un director.

En Holanda, ocurrió algo similar el pasado año con el crítico del Algemeen Dagblad Ab Zagt y el productor San Fu Maltha («Oorlogswinter»), a propósito de la pestífera «Spion van Orange», un bodrio a la medida del repelente cómico Paul de Leuuw. El productor montó un programa de televisión-sabotaje, «De Wereld Draait Door», presentado por la estrella televisiva Matthijs van Nieuwkerk, un tipo que cobra más dinero que el primer ministro Balkenende, exclusivamente para desprestigiar al crítico.

Para muchos, lo que está sucediendo es una tormenta en un vaso de agua. pero el caso de McCarthy también ha recordado una última práctica de estudios y distribuidoras: no mostrar ciertas películas a la crítica, cuando sus responsables se temen un «stinker» (película pestífera de la que se teme un estrellazo en la taquilla). La semana pasada, se estrenó en el Reino Unido la última película de Uma Thurman, «Una mamá en apuros» («Motherhood»). Fue vista por una sola persona. Recaudación: 9 libras esterlinas. Un verdadero «stinker» o «turkey». En España, estrenada el pasado otoño, pasó por la cartelera con más pena que gloria.

Patrick Goldstein, responsable de la respetada columna The Big Picture en The Los Angeles Times escribió ayer: «Así que ahora sabemos lo poco o nada que en «Variety» respetan a sus críticos. Y no olvidemos que los estudios sabotean la presencia de los críticos importantes de la proyecciones de lamentables taquillazos mientras organizan lujosos «junkets» para películas mediocres para los periodistas más amables y agradecidos. Si los grandes y buenos críticos están siendo eliminados uno a uno, todos sabemos quien les está acuchillando por la espalda».