MIGUEL NARROS DIRIGE ESTE NUEVO MONTAJE SOBRE EL CLASISMO SOCIAL Y LA ETERNA LUCHA DE SEXOS

La versión de «La señorita Julia” pasada por el tamiz de
Miguel Narros, posee más agilidad y ritmo que el texto original, pero
respetando la obra de Strindberg. En ella se refleja la violencia psicológica
que se establece muchas veces en las parejas y la eterna lucha entre el hombre
y la mujer, sin olvidar la pérdida del honor de su protagonista, que decide
tener relaciones con su criado. El nudo del drama se centra en tres personajes:
la señorita Julia, hija de un conde; Juan, su criado; y Cristina, cocinera y
supuesta novia de Juan. La acción tiene lugar en la cocina de la mansión y
durante la noche de San Juan, fiesta pagana del solsticio de verano.

«La violencia psicológica es igual de mala que la
violencia física», asegura María Adánez, que da vida a la señorita Julia,
para quien «las personas que sufren violencia psicológica pierden su autoestima
y los parámetros para saber qué está bien o qué está mal. Este tipo de
violencia te anestesia el alma, asegura la actriz. Junto a ella el elenco se
completa con Raúl Prieto y Chusa Barbero. La función tiene música en directo de
Andrea Szamek al violín y Scott Singer, y cuenta con una escenografía de Andrea
d’Odorico.

Para María Adánez, esta es «una función muy bestia al
mostrar escenas violentas, que reflejan lo que vivimos. Me da miedo que nos
inmunicemos ante el dolor, y creo que cada vez que muere una mujer se debería
mover muchísimo más la sociedad», confiesa.

La lucha de clases, patente siempre en el texto de
Strindberg, es para Adánez, algo que sigue vigente en nuestra sociedad y que se
hace patente en cualquier escena de la vida cotidiana. «Lo importante es
la tolerancia y la libertad pero todavía hay un clasismo tremendo en el
mundo».

«La señorita Julia” está considerado como el mejor de los
textos del autor sueco y una de sus obras más representativas, Pero la
turbulenta vida del dramaturgo en sus relaciones sentimentales, presente en
alguno de sus textos, refleja una actitud esquizoide del autor con el género
femenino.

«No sé si él era misógino o amaba a las mujeres
profundamente», reconoce María Adánez, «pero tanto Julia como Juan
son dos personajes enfermos por el contorno y presionados por su educación y la
sociedad que les rodea”. Strindberg reflejó en la obra lo que conocía ya que
fue testigo de la relación amorosa entre dos personas de distinta clase social
al ser el hijo de una sirvienta.