El estadounidense Ben Temple interpreta a un auditor de banca arrojado al submundo criminal

La trama presenta a un contable y auditor estadounidense que llega a Madrid para participar en una fusión empresarial. Su monótona vida se ve sacudida al encontrar en Internet la particular mirada de una prostituta que le hará cambiar sus esquemas. Tras contratar sus servicios, el protagonista conecta su webcam para concertar una segunda cita y ve cómo irrumpen en la vivienda de la chica dos matones con muy turbias intenciones. Para estar con ella, el protagonista tendrá que convertirse en un héroe inesperado y salvar las inverosímiles dificultades que se le irán presentando.: «Se ve abocado a una de esas historias en las que no puedes evitar implicarte y convertirte, muy a tu pesar, en un héroe. Esas cosas que te agarran el corazón y tienes que implicarte hasta arriesgar tu propia vida», ha explicado el director Antonio Hernández.
«Es un hombre que se ve envuelto en un mundo que no es el suyo», amplía Temple. «Las circunstancias le obligan a actuar, no puede ignorar lo que acaba de ver», dice. Un tipo marcado por la muerte de su mujer que, refugiado en su trabajo, acaba sucumbiendo a la soledad y la tentación.
Según ha dicho el actor, «hay un largo rato en que el espectador se pregunta qué está pasando, cómo va a salir de esta. Sale por pura supervivencia, con las armas que tiene, que es su cabeza. Lo tiene que ir construyendo sobre la marcha, y no hay mucho tiempo».
Aitor Luna y Yon González interpretan a dos sicarios contratados por la madre del auditor, cerebro de la operación, que se lo hacen pasar muy mal a este auditor. «Es todo psicológico, no ves nada violento ni desagradable, solamente el terror que cada uno va a sentir en su cabeza», describe González. «La violencia nunca se ve, pero se palpa. Esta gente es capaz de romperte los dedos o quitarte un diente», prosigue Temple.
«Lo que ve el protagonista hace partícipe al público de esa inquietud, va a hacer que se ponga muy de su lado y lo viva en primera persona», desvela Aitor Luna. De trasfondo, siempre, las nuevas tecnologías. «Ya no hay dinero, son números en una cuenta, el amor se negocia en una página web… Es un avance terrible pero un peligro terrible», concluye Antonio Hernández.