«The Look of Love», le sigue desde su crecimiento en Londres hasta convertirse en empresario de entretenimiento y titán editorialista que llevó el desnudo a la moda

La historia sigue a Raymond desde su crecimiento en Londres hasta convertirse en empresario de entretenimiento y titán editorialista que llevó el desnudo a la moda. En 1992 se le proclamó el inglés más reico de UK, un mes después que una sobredosis matara a su amadísima hija Debbie, la luz de su vida. Fue un gato de colores y director y guionista ofrecen una visión de su ascenso y caida.Y su melancolía por el óbito filial. Aparece como una presencia benigna que era genialmente divertido en fiestas y cuando amaba a sus mujeres.

Coogan evita la parodia y entiende al hombre tras el hedonismo, un empresario siempre controlando. El talento del actor brilla en su esplendor, tanto como el director al que habitualmente inspira. Es su cuarta colaboración tras «24 Hours Party People», «A Cock & a Bull Story» y «The Trip», en las que forman una compenetración ejemplar. Imogen Pots brilla también como la condenada hija fuera del matrimonio, Debbie. Anna Friel, que hace teatro ahora en Londres, es su esposa Jean, que logró un divorcio millonario y Tamsin Egerton es la amante y modelo Fiona Richmond, que le deja cuando las amantes se amontonan.

Raymond creó revistas porno, un teatro propio -The Paul Raymond’s Revue Bar, en el SoHo- con desnudos de todos los sexos y alcohol en la sala, butacas de terciopelo rojo, ventas de juguetes sexuales muy imaginativos, videos porno… en fin, todo, todo, todo. La película se estrenara en UK el 8 de marzo a través de Studio Canal, coproductora con Film 4. Hay lagunas en su muerte y muchos han indicado probable suicidio por no poder vivir sin Debbie.

Cuando yo era una ingenua adolescente trabajé de traductora para un rico industrial de Torrejón de Ardoz (plástico industriales). Viajé muchas veces a Londres con él y sus socios y en el tiempo libre se aburrían. Les sugerí teatro o cine y me dijo que no entendería ni patata. Que en recepción (hotel de lujo en Oxford Street) preguntara por el mejor show porno de la ciudad. Yo, por poco me muero. Lo hice enrojecida y nos reservaron butacas (5 en el Paul Raymond’s Revue Bar), un teatro de lujo con un molino rojo en la fachada. Para mí fue una experiencia fascinante porque no había visto un hombre desnudo en mi vida. De hecho, al subir el telón, cerré los ojos. El teatro estaba de bote en bote, sobre todo de japoneses. Los cuerpos eran gloriosos, todos afeitados, no quedaba margen a la insinuación y la música, bailona. Los chicos parecían de la otra orilla.

En el entreacto, a por los Chivas Regal’s 12 años con dos hielos. Lo mismo para mí (¡¡¡14 años!!!) La segunda parte, la disfruté muchísimo y volvimos varias veces. Mi jefe era de un pueblo de Salamanca y cada mes, para pagarme, me llevaba a una marisquería cara, pagaba en efectivo y… con un saco con 50 kilos de lentejas. Estuvimos comiendo el plato de viejas durante años. Tenía el único coche de lujo Mazda en España y nos miraban por las calles. El portero de mi casa, Clemente, se quitaba la gorra cuando llegabá en el pabú. Fueron años muy buenos y me pagué la carrera de Ciencias Políticas. Y el dentista, sin gravar a mis padres.

Los viajes se fueron distanciado -Nueva York, Bruselas, Berlín, Birmingham, mucho Londres- y al final, cuando acabé la carrera lo tuve que dejar para fundar el Centro de Información de la Mujer con Suzel Punset. Una aventura apasionante mal retribuída. Se llamaba, o llama, Teodomiro. Y el Revue Bar, que ya no funciona, se convirtio en un monumento de la ciudad, protegido. Vaya, como Buckingham Palace. ¿Qué ocurrirá en Estados Unidos, se estrenará? ? Esa es otra película.