El director de cine y guionista catalán Francesc Betriu ha fallecido este pasado miércoles 7 de septiembre a los 80 años de edad, según ha anunciado la Filmoteca de Catalunya en un comunicado.

A lo largo de su trayectoria profesional, Betriu ha dirigido largometrajes como «Furia española», «La Plaza del Diamante», basada en la novela de la escritora Mercè Rodoreda, «Requiem por un campesino», adaptación de la novela de Ramón J. Sender, «Requiem por un campesino español», «Sinatra», «La duquesa roja», o «Una pareja perfecta», además de los documentales «Mònica del Raval» y «El día que murió Gracia Imperio».

Nacido en la localidad leridana de Organyà, era, según la academia cinematográfica catalana, “un nombre esencial para entender la España de la dictadura y la Transición, o las relaciones entre el cine y la literatura”.

Betriu se inició en el medio cinematográfico como ayudante de dirección en 1965 en la película «Antonio y Lola», de Manuel Revuelta. Un año más tarde comenzaría a rodar cortometrajes como «Los Beatles en Madrid», «Gente de mesón» y «Bolero de amor». Sus dos últimos trabajos fueron el largometraje «El paraíso ya no es lo que era» y la película para televisión «La madre de mi marido», estrenada en el año 2004.

Betriu había estudiado Ciencias Económicas y Ciencias Políticas y tenía una diplomatura en Sociología, así como estudios de dirección en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid, donde aprendió de maestros como Berlanga, Borau, Saura o Sáenz de Heredia.

En la última década, Betriú había recibido varios reconocimientos, entre otros,nfue galardonado con el Premi Sant Jordi de Cinematografía, en 2014, y recibió el Premio Gaudí de Honor-Miquel Porter el pasado febrero.

Mariano Barroso, Presidente de la Academia de Cine ha recordado:

«Cuando te acercabas a Betriu y le llamabas Francesc, él te decía que le llamaras Paco. Eso nos descolocaba a los meritorios de «La Plaça del diamant», porque rompía las distancias y los prejuicios. Se suponía que un director era otra cosa, alguien lejano, misterioso y quizás inaccesible. Pero Paco era parte del equipo, cercano a los actores y defensor de los derechos de todos. “Muchos empezamos gracias a él y a su ternura”, me recuerda Llorenç Miquel, o “por su culpa”, como dice su querido Josep Rosell.

Paco tenía algo berlanguiano en su cine, y eso le unía a su íntimo amigo Pepe García Sánchez. El esperpento y el absurdo recorren algunas de sus estupendas películas, como “Furia española”, con Mónica Randall y Cassen, o “Los fieles sirvientes”. Igual que García Sánchez y otros compañeros, Betriu fue expulsado de la Escuela Oficial de Cine “por motivos administrativos” en pleno franquismo. Su compromiso social y su activismo político marcaron su obra. Rosa Vergés recuerda que “Paco hacía un cine en los márgenes, un cine que hoy tendría mucho más reconocimiento. Pero él formaba parte de una época en la que los cineastas bastante tenían con luchar”.

Y Paco luchaba, en el cine y en la vida. Fue uno de los fundadores de Comisiones Obreras de cine en Catalunya, junto con Jorge de Cominges, Pep Rosell y otros, en una época en la que, además de hacer cine, había que derribar una dictadura. Películas como «Réquiem por un campesino español» o «La Plaça del diamant» (serie y película) mostraban la vertiente más social y comprometida de Betriu. “Me sorprendía que siempre me pedía opinión, a pesar de que yo era muy joven”, recuerda de él Agustí Villaronga, que fue diseñador de vestuario en «La Plaça del diamant».

“Paco siempre escuchaba…”, “Paco se salía del camino marcado…”, “Paco me ayudó a empezar en el cine…”. Son los recuerdos de los amigos que trabajaron a su lado. El compromiso y el rigor de Francesc Betriu marcaron su obra. Su discreción y su ternura nos marcaron a muchos de nosotros».

Mariano Barroso