La «Antígona” de Miguel del Arco en el Abadía de Madrid supone una de las cumbres del teatro de los últimos años

La «Antígona” que Sófocles estrenó en el año 442 antes de Cristo ha tenido, claro, a lo largo del tiempo numerosas lecturas. Hay quien ha visto en la obra el derecho del individuo a seguir su fe por encima de las imposiciones del Estado. Pero Miguel del Arco ha dado una vuelta de tuerca al texto de Sófocles y lo ha orientado hacia la incapacidad para llegar a acuerdos, una lectura inteligente, interesante y actual, de la que está considerada como la obra más política de Sófocles. Creonte, el poderoso rey de Tebas, que en la versión de Miguel del Arco interpreta una mujer, una extraordinaria Carmen Machi, dice: «El dinero destruye las ciudades, el dinero expulsa a los hombres de sus casas, el dinero trastoca las mentes honradas de los mortales y los induce a entregarse a acciones vergonzosas”.

El dinero. La política. La incapacidad de acuerdo. Todo ello escrito muchos años antes de Cristo. Pero actual. Y esta «Antígona” está llena de energía, de una interpretación colosal, porque es teatro/teatro. Carmen Machi encarna a una reina de perfil shakesperiano: Poderosa, desangrándose por dentro y matando o haciendo morir por fuera. Inmensa Carmen Machi. Y Manuela Paso es una Antígona devorada y devoradora. Manuela Paso actúa como actriz y como atleta, porque su interpretación requiere una forma física -y mental- superlativa. Sencillamente maravillosa.

Miguel del Arco ha realizado una versión de la obra de Sófocles absolutamente fiel al espíritu y a la letra del texto original, pero que transmite la impresión de que se trata de una función escrita ahora y pensada para describir los momentos políticos actuales. Esta Antígona, pues, nos reconcilia con el teatro, nos muestra que el teatro es un arte incomparable.