El montaje se inscribe dentro del Festival VEO 2010 que tiene lugar en Valencia

Desde la superficie de una pantalla en blanco aparecen restos humanos o fragmentos de una civilización enterrada. Nariz, muslos, nudillos y hombros se intuyen a través una fina epidermis. Son fantasmas alterando nuestra percepción del ser humano en una danza radiográfica. El cuerpo es reducido a su marco; la fisonomía, la carne y sus marcas distintivas se han desvanecido en una muestra de una teatralidad visionaria.
«La timidez de los huesos» está producido por Pathosformel con el apoyo de Centrale Fies, y es el producto de un proceso de investigación sobre el movimiento humano y la imagen visual desarrollado durante una residencia artística en uno de los programas trianuales del centro de creación y producción de arte contemporáneo italiano. Tras su creación en 2007, la pieza obtuvo una mención especial en el Premio Scenario 2007 y un premio en Sezione Autonoma de Cesena en 2008.
La compañía nació en Venecia en 2004, y está formada por Daniel Blanga Gubbay, Francesca Bucciero y Paola Villani. Los componentes de Pathosformel son artistas que toman elementos de diferentes disciplinas para explorar nuevas formas de utilizar el cuerpo en el escenario. Su experimentación con el movimiento y las imágenes visuales ha adquirido muy pronto el reconocimiento internacional gracias a la madurez de sus propuestas y a la calidad de ejecución de sus performances, entre las que destacan, aparte de La timidezza delle ossa, La più piccola distanza, La collezione y Laboratorio sul gesto.
En «La timidezza delle ossa» el movimiento se oculta detrás de una gran pantalla de látex, de manera que apenas si deja resquicios para imaginarlo. Sin embargo los cuerpos se dejan percibir a través de las formas sensibles de sus esqueletos, e incluso se revelan de una manera inesperada, en medio de una sugerente lucha entre la percepción y la ilusión, entre lo material (corporal) y lo inmaterial, representado por la imagen construida sobre la pantalla.
El efecto del espacio escénico oscuro, completamente tapado, y la degradación de las insinuaciones reflejadas en el látex blanco semejan la descomposición de la materia orgánica en fragmentos casi irreconocibles del cuerpo y dejan al espectador con la tarea de reconstruir en su cerebro una imagen que va perdiendo progresivamente a través de sus órganos visuales.